LEONARDO —Eres la mujer que más amo en mi vida, Grace, y créeme que aquí estaré por siempre y para siempre —le dije, dándole un beso en la cabeza. Después de todo el desastre que causamos por toda la casa, estábamos exhaustos y decidimos acostarnos. Hablábamos de todo un poco, y de esa forma Grace abría su corazón. Conocía algunas cosas que antes no me había dicho. —¿Estás seguro de que me quieres a mí y no a mi hermana? Bueno, si es que puedo considerarla una hermana… La acurruqué más contra mí. Quiero que esté totalmente convencida de que es a ella a quien amo y a quien deseo con locura. —Grace, déjame decirte que yo he tenido novias, enamoradas y de todo un poco, pero jamás había encontrado a una mujer como tú. Con esa gran personalidad que tienes, con el humor que te caracteriza,

