¿Nervios? ¿por qué no tenerlo? es lo más normal que puede sentir un ser humano ante cualquier situación.
Cam ante los movimientos de sus rojizos labios le acarició con ternura su rostro trazando pequeños círculos alrededor de su mejilla. Su piel era tan suave como aquella sabanas blancas que los esperaban con ansias.
—Pensé que no vendrías—farfulló sin dejar de acariciar su cara.
—Tenia dudas—musitó la chica cerrando los ojos para dejarse llevar por esas manos grandes y gratas a su piel.
—¿Que quieres hacer?—preguntó sosteniéndose las ganas de introducirla en la habitación, desnudarla de pies a cabeza y enredarse en esas curvas juveniles.
—No se—balbuceó
—Yo aún quiero estar contigo—se acercó con la lentitud del sol al esconderse buscando el objetivo de besar esos labios rojos.
Esa boca que lo envolvía cada vez en la oscuridad de lo incorrecto. Ginebra enrollo sus manos alrededor de su cuello dejándose llevar por las aguas turbias de aquella lengua desenfrenada.
Se apartó un momento para respirar pegando la nariz con de la de ella.
—No puedo dejarte ir, no sin antes perderme en ti—volvió a besarla sin percatarse en los peligros de un encuentro prohibido en un pasillo.
—Entonces no me dejes ir—Cam cargó a la muchacha introduciendola en esa suite sin remordimiento alguno, sin pensar en nada, de hecho, en ese instante su mente estaba enfocada en la persona que tenía frente a él, con la chica que había fantaseado un montón de veces.
Cam se quitó la chaqueta dejándola caer en el suelo mientras se hundían en aquellos besos apasionados. Sus manos deseosos tocaron singularidades de su cuerpo posandose allí por un buen rato a medida que se iba deshaciendo de su camisa dejándola en un brasier de encaje blanco.
Los dedos de Ginebra tampoco se quedaron quietos, despojaban con tanta facilidad a su amante hasta que lo dejó casi desnudo.
La intensidad del momento era tanto que no podían ni hablar, la lujuria los seducía a un abismo de pasión donde ambos ingresaban lentamente al desvestirse, al tocarse, al conocer el cuerpo.
Cam se dió cuenta de los diferentes lunares que su acompañante tenía en su abdomen, senos, en sus muslos, y no dudó en besarlos, en poner su firma en cada uno de los detalles que iba encontrando en ese cuerpo delgado, pálido y espectacularmente hermoso a su vista.
Aquel cuerpo experto se había convertido inexperto antes las caricias de Cam. Por más que quería tomar el control de lo que estaban efectuando, no podía, el profesor estaba a cargo, guiando todo lo que sucedía en esas cuatro paredes.
Lo más satisfactorio para Cam fue arrancarle las pantys medias junto a sus bragas posicionandola debajo de él. El roce de sus piernas con su pene endurecido provocó que se excitara aún más al mismo instante que le acariciaba los muslos.
Ginebra jadeaba a medida que la lengua descontrolada de su acompañante jugaba con sus senos, su cuello, su abdomen. Podía sentir su c******s palpitar, el fuego de peligro recorrer por toda su espina dorsal.
Ella quería más...
Los besos de Ginebra fueron candentes, profundos, intensos en todos los sentidos. Rasguñaba la espalda de su profesor a medida que este le separaba las piernas para sumergirse en las profundidades de un lago prohibido.
Asimismo, se complació una vez estuvo dentro de ella moviéndose con la misma lentitud en la cual se acercó para besarla.
Mientras más profundizaba en movimientos, no paró de embutirla con fuerza, que poco a poco iba aumentando a medida que los gemidos dejaban sus labios.
Sin embargo, para Ginebra ese placer lo quería recíproco, era una sola noche donde ambos tenían que disfrutarlo al máximo.
—Dejame hacerte mío a mí—le susurró en el oído, y con una maniobra se apotronó encima de él en hojarasca. Las manos de Cam se centraron en sus caderas mientras los movimientos de arriba y abajo se ejecutaban.
Ahora, ambos soltaban gemidos, jadeaban en un éxtasis que no querían salir. La euforia de la sensación del momento era tan magnífica que Cam quería detener el universo entero solo para quedarse allí para siempre con Ginebra.
En un punto, ambos terminaron exhausto uno encima del otro. Respirando por la boca, sudados, satisfechos.
Ginebra miró a los ojos al profesor dándole un beso. Las manos de Cam seguian tocando, acariciando esa piel que había besado con locura.
—Quédate hasta finalizar la noche—murmuró Cam, acariciando los labios de su amante.
—Esta en el contrato no dormir juntos.
—Lo sé, lo sé, tengo presente el contrato, pero quédate a dormir conmigo—se le quedó mirando como un tonto—.Disfrute tu cuerpo, tus besos, todo de ti.
Ginebra se rió.
—Usted ahora es mío profesor.
—Y tú mía—musitó él en una risita para darle otro beso.
—Asley me está esperando y mañana saldré a casa de mi hermana, quiero ver a mi hijo.
—Que Asley se espere, de todas formas, mañana puedes salir de aquí.
—Pensará que pasé la noche con Lucas.
Él se rió.
—Que piense lo que quieras, en estos momentos, solo estamos tú y yo—le dió otro beso.
Acurrucandola entre sus pecho.
—Esto también esta en contra del contrato.
—Lo sé, pero solo será hoy, de toda formas, no volveremos a hacerlo.
—Cam, no quiero que exista ningún tipo de sentimiento entre nosotros y abrazarnos, hablar, acurrucarnos, es peligroso.
—¿Y eso qué? ya entramos en un terreno peligroso Gin. Culminemos la noche infringiendo algunas normas.
Ella suspiró.
—Nada más sucederá entre nosotros, hoy disfrutemos.
No muy convencida, Ginebra se dejó acurrucar quedándose a dormir junto a su profesor. Compartiendo las mismas sábanas, el calor corporal del uno al otro, y los abrazos inscocientes que se daban a luces apagadas.
☆☆☆
En la mañana Ginebra tuvo que alejarse de todos aquellos brazos que la consentían a seguir estando pegada a un cuerpo que ya no iba a ser de ella. Ya esa noche había pasado y ambos tenían que seguir normalmente con su vida.
Él era su profesor y ella su alumna y seria así. Además, Cam salía con la profesora Luz y ella estaba intentándolo con Lucas.
Su cabello estaba echo un desastre. Se vistió lo más rápido que pudo para salir de ahí, ya habían infligido algunas lineamientos del contrato.
Nada de dormir juntos ni acurrucarse.
Carajo.
Una vez estuvo lista para salir de la alcoba, le dió una última mirada a Cam que yacía dormido en la cama. Se quitó las pantys medias y las dejó a un lado de él.
—Adiós—y ella se marchó.
Al rato, Cam buscó el cuerpo de Ginebra en la cama y al no encontrarlo se sobresaltó bostezando. Acomodó su torso frotándose los ojos y buscando a su amante con su vista por todos lados.
Ella se había ido.
Por un momento el profesor pensó que todo lo que había pasado en la noche fue un sueño, producto de su imaginación y fantasía. La había sentido tanto que Ginebra está vez fue real, aún podía percibir su olor, sus labios, sus uñas.
Carajo, está niña me tiene embriagado.
Al voltear a un lado de la cama se dió cuenta que las pantys medias de ella estaban allí, como señal de que lo que había ocurrido no era una fantasía, ni producto de si imaginación, que de verdad había estado con ella, había dormido con ella.
Tomó las pantys medias y la apretó con fuerza, complacido y a la vez arrepentido de haber accedido a intimar con ella.
Porque ahora había un problema:
Cam quería más...
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Los leo, leo sus comentarios.