Ser prisionero significaba estar atrapado, privado de una libertad o estar torturado en las sendas oscuras de un lugar que no quieres estar, sin embargo, Cam Mendoza lentamente estaba siendo atrapado por esos labios rojos que tanto le fascinaba quedando privado en las curvas de ese cuerpo que ya había tocado y anhelaba con todas sus fuerzas volver a tocar. Le torturaba la idea de no perderse en ese camino oscuro de la pasión prohibida entre una alumna y un respetado profesor.
Su deseo era más profundo que su voluntad, su boca buscaba con desesperación la de Ginebra a medida que sus manos tocaban algunas partes sensibles de aquel cuerpo escultural.
A medida que se enfocaban en comerse vivos con sus bocas. Cam no dudó en cargar a su estudiante para sentarla encima de su escritorio. Su respiración estaba fuera de control, sus manos clamaban más de lo que podía tocar, y su piel daba grandes voces pidiendola a ella.
Sin tanto preámbulos, ambos comenzaron a desvestirse, a quitarse lo que ahora le estaba sombrando. Ginebra jadeante se despojó de su camisa y pantalón quedando con una lencería blanca de encaje que gustoso Cam quiso arrancar. El profesor se quitó su camisa bien planchada y sus pantalones dejando expuesta la erección enorme entre sus carsones. Era incontrolable, la chica lo excitaba a tal punto que su pene se levantaba solo con un beso de esos labios rojos.
Totalmente desnudos, Cam Mendoza se introdujo con rudeza dentro de ella sin dejar de besarla. Las cosas del escritorio comenzaron a caer al suelo a medida que la muchacha extendía su torso por el escritorio suspirando, jadeando, gimiendo en voz baja para que nadie pueda escucharlo.
La candela estaba encendida y Cam extasiado comenzó a moverse muy rápido, duro, sin parar.
Retorciéndose en la mesa, Ginebra gimió una y otra vez a medida que los movimientos se intensificaba sintiendo como un orgasmo se pronunciaba para hacerla gritar más se calló para no hacer ruido.
Cam al culminar soltó un último suspiro exhausto, buscando con desesperación la boca de su amante.
—¿Que estamos haciendo?—preguntó Gin pegada a la boca de su compañero de cama
—Lo que el cuerpo nos pide.
—Hemos cruzado los límites y roto el contrato.
—No, solo queríamos más del uno al otro. ¿O me vas a decir que tu no querías?
Ginebra se le quedó mirando a los ojos.
—Si pero...
Cam la silenció con un beso apasionado.
—Chiii, no digamos nada, no opinemos nada, no cuestionemos si esta bueno o malo lo que estamos haciendo, solo disfrutemos este momento Gin—le acarició el rostro con delicadeza—. Quiero seguir siendo arrastrado en esto, en esta mentira, en esta pasión loca y desenfrenada, en lo que nos convertimos cuando estamos juntos.
—¿En que nos convertimos profesor?
—En dos locos sedientos.
La chica se echó a reír pegando su frente junto a la de Cam.
—Esto es una locura...
—La mejor locura que he hecho en mi vida—respondió Cam dándole algunos besos castos a su amante.
—Tengo que irme...
—Si claro, pronto vendrán hasta aquí.
—Si—ambos se separaron para recoger su ropa que estaba regada por todo el piso de la oficina y así vestirse.
El escritorio estaba echo un lío, sin embargo, Ginebra salió de allí mirando a todos lados hasta sersiorarse que no hubiera nadie por ese pasillo y salir huyendo de aquella oficina donde yacía unos minutos había ardido en pasión.
Por alguna razón le gustaba estar junto a Cam, le gustaba la forma en la que la hacía sentir, en como la tocaba envolviendola en un manto de seguridad, protección y eso le aterraba, el hecho de acostumbrarse a él o peor aun: enamorarse de él.
Asimismo, Cam seguía hipnotizado, con los pensamientos puestos en su alumna, con las sensaciones a flor de piel. Se sentía vivo, más fuerte, más joven que nunca. Su relación con Ginebra era candente, desesperante, apasionada, tanto que no puede evitar besarla y caer rendido ante sus curvas.
Sonrió como un loco que está hablando solo al imaginarse que le hizo el amor a su estudiante en su escritorio, sin caer en cuenta en lo arriesgado que fue ese encuentro s****l entre ellos.
No obstante, a el profesor Mendoza no le importó el riesgo, estaba extremadamente complacido por desordenar su escritorio.
En todo el día se enfocó en sus labores, buscando la forma de evitar a Luz a toda costa, no tenía lugar en ese momento para otra mujer que no fuera la chica de las pantys medias. No podía besar a otra cuando se había entregado a su fantasía hecha realidad.
Lo que el profesor Cam y Ginebra no sabían era que muy cerca alguien los seguía, alguien que podía hacerles daño, alguien que quiere arruinarlos.
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Hoy les tengo maraton... tres capítulos...
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