Capítulo treinta.

1850 Palabras

Visitante inesperado Los siguientes dos días no fueron distintos para la pareja, por las noches y las mañanas solían hacer el amor, antes de salir a desayunar y dar un paseo por las tierras que eran de su propiedad. —El abuelo siempre fue visionario, ¿pero esto? Me ha sorprendido —dijo Laura mientras recorrían las parcelas de café. —Todo lo que el viejo hizo o emprendió llevaba tu nombre, Laura, no hubo día que no dejara de pensar en ti —aseguró Andrés, bajando el mentón sobre el hombro de la joven. Ese día habían decidido salir a montar en el mismo caballo, porque Andrés despertó con ganas de no querer separarse de ella. —Nunca podré perdonarme el no volver a la hacienda, me dejé llevar por mi orgullo y por la rebeldía que no tenía derecho a sentir. Era mi abuelo, lo único que me que

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