Exclusivamente mía. Andrés cabalgó al establo, había recibido el aviso de Margarita, por un momento creyó que era algo de urgencia, pero no esperó encontrarse con su nana y con Esmeralda. —Nana —dijo antes de desmontar a Alazán y caminar para saludar a la mujer—. Esmeralda —pronunció sin acercarse. —Hola, Andrés, ¿Cómo has estado? —preguntó la joven con una sonrisa dulce en los labios. Esmeralda y Andrés habían tenido una breve relación unos meses atrás, que terminó debido al poco tiempo que Andrés le dedicaba y quizás, porque en el fondo, no había olvidado a Laura. —¿Qué te trae por aquí? —preguntó Andrés en un tono cordial, pero distante. —Bueno, no pensé que debía solicitar audiencia para saludar a un amigo —respondió sin inmutarse, su sonrisa continúo en su rostro. —Lo lamento,

