Al fin, después del momento vivido con el chico que le gustaba, Stella pudo conciliar el sueño. Apenas sintió que había pestañeado cuando el ruido de fuertes golpes en su puerta la despertó haciendo que se sobresaltara en la cama. Se preguntó si sería Henry que había regresado a su departamento después de haber atendido el asunto tan importante que tenía. Con los ojos casi cerrados se sentó en el borde de la cama, pero los golpeteos no cesaban, así que se puso las pantuflas, frunció el ceño. Esos golpes en la puerta ya no sonaban a que fuera Henry. —¿Quién esta ahí? —preguntó temerosa. Nadie contesto, pero los golpeteos siguieron. —¿Quién esta ahí? —preguntó de nuevo, Stella comenzaba a sentirse ansiosa. —Enzo… —escuchó por fin. Rápido abrió la puerta para ver al joven que estaba a

