El sonido del móvil hizo que sus ojos se abrieran de manera violenta. Estiró la mano para alcanzarlo, vio el nombre de él en la pantalla y colgó. Era un descarado mentiroso, no volvería a hablar con él. El móvil volvía a sonar, desvió las llamadas todas las veces que sonó. Miró la hora y era ya casi de mediodía. Recordó que tenia a Enzo en el living. Salió de la cama con rapidez, se puso un suéter a esa hora del día el departamento solía estar muy frío. Al abrir la puerta de la habitación se topó a Enzo sentado en el pequeño sillón esquinero, con la charola de comida que Henry le había llevado el día anterior y un enorme vaso de jugo de naranja. —¿Quieres? —preguntó con la boca atiborrada de comida. Stella exhaló pensado que Enzo era un hombre que parecía un niño. Ayer estaba deshecho po

