Esa misma tarde, Enzo decidió que lo mejor era regresar a casa. Fue a la cocina donde la rubia estaba preparando espagueti a la bologñesa, y se recargó en el marco observándola. —Ya casi esta la cena —anunció Stella. —Regresaré a casa, creo que es lo mejor —dijo él al mismo tiempo que mordía su labio inferior, no lo deseaba, pero tenía que hacerlo. Stella asintió acercándose a él, puso su mano en el hombro del chico y le dijo —Es lo mejor Enzo, no puedes huir de tus problemas para siempre. Enzo sonrió —¿puedo venir a visitarte alguna vez? —la pregunta le sorprendió a ella —es difícil tener amistades sinceras en Manhattan. Stella se mostró complacida —claro que sí, aunque te comportas como un infante, me agradas. Él se acercó al lavavajillas para poner la mesa, cenarían juntos es

