MAXIMILIAM DUPONT —Megan—susurro sorprendido. Verla frente a mí me parece casi irreal, está aquí, lo sé. Si quisiera podría alargar la mano y tocarla porque de alguna forma necesito confirmar que es cierto, que todo lo que está frente a mis ojos no es ninguna treta de mis ojos, por eso agradezco que levante la mano para saludar a mi padre quien parece igual de sorprendido que yo. —Buenos días, señor Dupont—le saluda. Papá parpadea varias veces antes de reaccionar y acercarse a ella. Le da un abrazo el cual no dura mucho, le pregunta algo sobre su salud cosa que no responde solo se queda incómoda de pie en la entrada. Entonces reacciono. —Pasa, por favor. La voz me tiembla, de hecho no podría reconocerme a mí mismo en una grabación porque estoy tan nervioso que ni siquiera pare

