Caín me rodeaba con sus brazos, besaba mi cuello y me dejaba ser por los mimos de este hombre. —Pediré a tu padre tu mano en matrimonio —dijo de repente y lo miré sorprendida. —¿Por qué? —fue lo único que pude decir. —¿En serio lo preguntas Naerys? A noche te hice mía, es lo que debo hacer y quiero que seas mi esposa —desvié la mirada. —No creo que sea lo mejor para mí. —¿¡De qué estás hablando!? ¿Crees que solo quiero que seas mi amante en las noches? te quiero como mi compañera, mi esposa ¡qué es lo malo en eso! —Por favor Caín, no creo que sea conveniente que pidas mi mano tan pronto. —Él se levantó iracundo del césped. —¿Qué es lo que quieres Naerys? ¿Ser mi amante nada más? ¡Acaso eso te haría feliz! ¡Solo calentar mi cama a escondidas de todos! —gritó y pude sentir un liger

