NAERYS William y yo caminábamos por las oscuras calles de Londres. —No sé cómo te fui hacer caso Nariel —dice asustado. —No seas llorón, además por lo que escuché ese bar es muy entretenido por sus partidas de cartas y ron barato. —Como también tiene maleantes, mujerzuelas, asesinos ¡cuando te propuse una salida no era precisamente de este tipo! —ruedo los ojos. —Cállate y camina que estamos cerca. —al acercarnos de donde vienen los ruidos de los borrachos, nos encontramos con nuestro destino. “La Rosa Azul” un bar que por fuera no tiene una buena pinta que digamos pero adonde no asisten personas de la alta sociedad que puedan reconocernos. —Vamos, entremos —digo entusiasmada o en este caso entusiasmado. William me sigue a regañadientes y apenas entramos el olor a cigarro, tabaco

