NAERYS Cada minuto que pasa mis manos sudan y el nerviosismo es imposible de contenerlo, la casa de Caín es muchísimo más grande que la mía, elegante con una muy buena decoración, todo se encuentra limpio y en su lugar. —¿Nariel te quedas o apuestas? —Pregunta William devolviéndome a la realidad. —No apuesto —seguimos jugando cartas y la verdad no puedo concentrarme con la intensa mirada de Caín sobre mí. ¡Dios mío deja de verme! Los únicos que se divierten son William y el rubio de Bill Adamson, Caín ni idea de que pasa por su mente; ya que tiene una cara de fría calma. —Si me disculpan tengo que ir al sanitario —dejo las cartas sobre la mesa —¿Dónde se encuentra? .. —Déjame y te lo indico, McAdams —dice Caín. —Bueno ahora que lo pienso no tengo tantas ganas. —Venga, yo no muerdo

