Capitulo 11

2293 Palabras
Rosa Existe un dicho que asegura que por fuera todo parecerá color de rosa, pero que apenas cruzas los muros y te adentras a lo mas profundo, lo bonito se convertirá en feo, la luz se volverá oscuridad, la felicidad será reemplazada por la tristeza. Nadie sabe lo que ocurre tras de cuatro paredes, nadie puede tener la sabiduría para asegurar como son las cosas cuando no se han detenido a inspeccionar el interior. Una gran mansión con bastante naturaleza a los alrededores puede parecer el lugar perfecto para descansar, alejado de los ruidos de la civilización, de los problemas del exterior, pues bien, eso puede ser nada mas que una fachada para disfrazar el lugar donde un demonio se oculta y puede actuar sin el temor de ser descubierto. En el interior de este sitio se encuentran demasiadas personas, pero ninguna de ellas tiene la valentía para hablar, para detener las atrocidades que suceden muy cerca de ellos; después de todo, no existe un solo individuo que no tenga un punto débil. Las ganas de actuar se arremolinan en mi corazon, en mi mente, en mi ser; el querer salir corriendo y detener al líder de una manada llena de hipócritas, una que ahora es la causa del castigo de una joven chica que le arrebatan todos sus sueños. Nunca he tenido el suficiente valor para actuar, desde que fue consciente de cada atrocidad que cometía el Alpha no pude hacer nada para detenerlo, no puedo hacer que pare, no cuando miles de guardias respaldan el sitio donde mantiene cautiva a una jovencita de pelo rojo. - ¡¡¡AYUDA!!!, ¡¡¡AYUDA!!!, ¡¡¡ALGUIEN QUE ME AYUDE!!! Mis manos se forman en puños, mis ojos se nublan al distinguir el dolor en sus gritos, los destrozos que de seguro le esta causando en estos momentos. Miro a mis alrededores, admirando como las demás personas del servicio se alejan de este pasillo, buscando de alguna forma no poder escuchar los gritos, las pedidas de auxilio. Siempre es ase, desde aquel día en que la encerró en las mazmorras, desde aquel momento en que su infierno fue aun peor. - PARA,¡ PARA!...¡¡PARA!!, ¡¡¡PARA!!! Una mujer de ya edad en un pasillo, siendo la única que no puede abandonar a la joven prisionera, siendo la unica que se quiere castigar por no poder actuar, por no poder hacer que su dolor pare. Se podría decir que al ser mayor tengo autoridad, pero la edad no es nada comparada con la fuerza, una que los guardias poseen, pero que esa no es nada comparada con la de nuestro líder. ¿Así que es lo único que me queda por hacer? No huir de la culpa y de alguna forma al menos sentir su sufrimiento. No se cuantos minutos pasan, cuantas horas si es que llegan a transcurrir, solo se que una vez que ese hombre entra, solo sale cuando el temblor por mi cargo de conciencia se hace presente, mostrando una sonrisa que nadie se imaginaria que su causa serian la tortura que le realiza a una joven de 16 años. Sus pasos se escuchan por el pasillo, hasta que se hacen nulos, avisando como ese ser se encuentra enfrente de mi persona. - bueno, nunca pensé que fueras tan persistente de mantenerte en este sitio todos los días - la burla se hace notar en su tono de voz, pero aun así decido no contestar - sigo sin entender tus acciones, pero que puedo hacer, después de todo fuiste la empleada que mi antigua Luna mas quiso. Y por ello estoy condenada. - Alpha, ¿no le parece que ya es momento de dejar salir a la muchacha? - decido preguntar mientras levanto mi rostro para observarlo. - ¿Por qué me parecería?, no creo que aun entienda como debe de comportarse - aprieto mis manos. - han pasado mas de dos meses, su alimentación no ha sido buena, por ello tampoco ha recibido un buen tratamiento para sus curaciones - el Alpha de un paso hacia mi, atrayendo la atención de los guardias que se encuentran a lo lejos. - ¿y eso a mi que me importa?, no la matare, después de todo a pesar de sus nuevos arreglos sigue siendo preciosa, así que despreocúpate por ello - veo como el Alpha tiene intenciones de volverse a ir, así que vuelvo a hablar. - Alpha, pero si la mantiene mas tiempo escondida, la gente comenzara a sospechar de su paradero, ¿no cree que en la manada pueden incluso querer ver a la futura Luna? - decido atacar el temor que tiene a perder sus apariencias, siendo esta la unica cosa que puedo hacer para de alguna forma darle un respiro a esa niña. Por la expresión que muestra en su rostro el líder de la manada, parece que he dado en el blanco, parece que puede haber algo de esperanza. El Alpha pone sus ojos en mi persona unos cuantos segundos antes de girar a observar a los dos guardias que se mantienen en la puerta que conduce a las escaleras rumbo a las mazmorras. - puede que tengas algo de razón, después de todo esos ineptos que tengo por habitantes pueden usar su cerebro en algún momento - le hace un gesto a los soldados, uno que ellos entienden de inmediato, por lo cual llegan a nosotros en segundos. - a su servicio Alpha. - quiero que estén preparados para ayudar a Rosa a trasladar a su cuarto a la futura Luna, y por el bien de los tres, espero que sean muy precavidos para que nadie observe a quien será mi esposa, ¿entienden? - todos movemos la cabeza en signo de afirmación. - de acuerdo Alpha, usted nos dirá a que hora lo hacemos. El sentimiento de ser útil puede ser muy bueno, uno que hace mucho tiempo no experimentaba, pero cuando este cambia drásticamente puede ser peor que una bala en tu cabeza, una que te dice que ser testigo no es mejor de lo que es ser principal responsable. - en dos días lo realizaran, pero por el momento quiero que acompañen a Rosa para que revise a mi futura esposa. Casi llego a pensar que algo estaría bien, pero eso cambia en el momento que esas dos palabras resuenan en mi cabeza. - dos dias... ¿Alpha usted dijo dos días? - cuestiono obteniendo la total atención del lider de la manada, una que me hace recordar viejas actitudes, unas que pensé que jamás volverían, unas que reaparecieron con mas fuerza desde la muerte de la antigua Luna. - dos días, eso es correcto... - ¿porque? - dejo salir esa palabra sin poder creer que ese martirio aun no se acaba. - por que me escupió, así que si tiene mucha energía para ello, podrá aguantar 48 horas mas. Clary Dolor en las piernas. Dolor en mis brazos. Dolor en mi cuerpo. Dolor, eso es lo único que puedo sentir en estos momentos. Mi inestable respiración y el sonido de gotas cayendo a lo lejos es lo único que mis oídos escuchan, en lo único que he podido concentrarme para intentar de alguna forma que mi cabeza deambule por miles de sitios inexistentes, unos donde es valido creer en cuentos de una Diosa Luna salvadora. Es increíble saber que muchas veces los sueños y esperanzas no sirven de nada, no cuando el poder y el dinero puede hacer que todo se vuelva trizas. No se cuanto tiempo a pasado desde que desperté en este lugar, no se cuanto pueda resistir mi cuerpo a cada una de las visitas de ese maldito ser, tan solo se que mi mente se ha vuelto amante de crear historias en mi cabeza, unas donde mi imaginación muchas veces me engaña con trucos, unos donde pienso que mi mate de alguna forma logra saber donde me encuentro, y es lo bastante poderoso para desafiar al Alpha, salvándome de otro día de dolor. Historias, crear historias, eso es lo único que puedo hacer, a eso es lo único que me dedico, ya que desde ya bastante no he conseguido comunicarme con mi loba. ¿Cómo hacerlo cuando cada vez que el látigo toca mi piel es mejor esconderse?, ¿Cómo aparecer cuando las cortadas en mi carne solo hacen que la concentración se pierda?, ¿Cómo luchar cuando estas tendida en el piso cubierta por suciedad, sangre seca, sudor y las sustancias que me ha tirado ese hombre para divertirse? El mundo puede ser cruel, pero las personas lo pueden ser mas. Ahora se que no tenia porque temerle a los monstruos o espíritus que puedan acecharme, no cuando un hombre puede ser mas daño que nadie mas. Mis ojos vislumbran a lo lejos el moho de las paredes, las hormigas caminando por los alrededores, las ratas corriendo hacia el otro extremo del lugar porque de seguro ese sitio debe oler mejor de lo que yo lo hago. ¿Debería darme asco?, por supuesto, pero en estos momentos ya no me importa, me dejo de importar después de la decimo octava visita de aquel asqueroso animal que se hace llamar lider de una manada. Muevo mi cabeza un poco sobre el frio del piso en el cual estoy tirada, para así poder admirar mi muñeca envuelta en esa cadena, una que esta unos centímetros mas abajo de donde termina un cicatriz a causa de un tenedor clavado en mi brazo. El recuerdo de como sucedió quiere circular a mi mente, trayendo consigo la razón una donde mis cuestionamientos por saber donde estaban Jonathan y Samy fueron la parte central de función. ¿Dónde estarán?, ¿Cómo estarán?, ¿Seguirán con vida?, ¿están pasándola mejor de lo que yo lo estoy? Preguntas y mas preguntas, unas que martillean mi cabeza al recordarme que soy culpable, que si no hubiese actuado tan débilmente ellos estarían en la manada siguiendo sus vidas con normalidad, así como todos lo han hecho, ignorando por completo mi existencia. Quisiera decir que puedo seguir con mi ritual mental de cada día después de que soy liberada del animal, pero un sonido de la puerta siendo abierta interrumpe todo, consiguiendo que todo mi cuerpo se ponga alerta, que a pesar de no poder moverme para intentar buscar protección en mi, los sentimientos de temor y angustia regresan como una ráfaga de viento, una que casi al instante generan varias lagrimas saliendo de mis ojos. - ¿Clary?, mi niña, ¿Dónde te encuentras? Una voz cálida, eso le da algo de tranquilidad a mi ser. De pronto deje de ser su diversion por el día de hoy. Mi cabeza consigue moverse un poco, al igual que mi cuerpo, y aunque a cualquiera que me observe diría que no es casi nada, para mi por el contrario me parece que es demasiado, tanto que un gemido de dolor sale de mi boca. - por la diosa... no, no pudo... esto... Hace tiempo que no veía a la señora Rosa, parece que hace mucho tiempo que nos hubiésemos visto por ultima ves, después de todo en este sitio se pierde el sentido del tiempo. Unos ojos nublados por las lagrimas son lo primero que contemplo, haciendo que me de cuenta que quizás luzco peor de lo que imaginaba. - es un ser asqueroso... como pudo... La señora Rosa camina hacia mi, haciendo que se de cuenta del olor que de seguro debo irradiar, pero aun así disimula muy bien, y casi que ni le importa, porque con un cuidado que no he sentido, toma mi cabeza para depositarla en sus piernas. - perdóname mi niña, perdóname por no hacer nada, por permitir esto, soy culpable, soy culpable como él... - su voz se entrecorta. Quisiera decirle algo, que no esta en lo cierto, que nadie es culpable, que como me ha hecho esto se lo puede hacer a cualquiera, que si intentaba hacer algo podría terminar como Jonathan y Samy, que no tiene nada que ver con ella, quisiera decirle tantas cosas, pero no puedo por mas que quiera. Abro la boca para dejar salir mi voz, pero se vuelve inútil, siempre es así después de que todo ocurre, después de que grito, no es hasta el otro día que consigo poder hablar, justo en el momento perfecto para suplicar por ayuda, una que jamás llegara, que nadie será capaz de darme, porque contra el poder muy pocos pueden, al menos es así en esta manada. - tranquila mi niña, intentare que el dolor disminuya, lo hare, es lo menos que puedo hacer - siento sus manos en mi reseco cabello, uno que ni se puede mover bien - aguanta un poco mas, se que no tengo derecho a pedírtelo pero en 48 horas te sacaran de aquí, y hare que no te vuelva a traer a este lugar. ¿Saldré de las mazmorras? Eso es una idea encantadora, posible o no, real o no, quizás pueda ser mi salida, mi unica esperanza; pero no una para descansar de cada tortura, no una para sentir la luz del sol y recibir la visita hipócrita de mis padres. Ma bien una para ser libre, verdaderamente libre, sin importar a que lugar pueda parar, ser libre de no tener que ser obligada a una vida donde en cualquier momento todo puede ser peor. Lo lamento por mi mate, si es que tengo, pero no puedo mas. Quizás le pueda doler, o quizás no porque no estamos verdaderamente conectados, lo único que se es que quiero ser libre de una vida donde la salvación no tiene cabida, donde jamás conseguiré escapar.
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