Con suma cautela, y sin producir ruido alguno, Valentina salió de los arbustos, recorrió la distancia entre el escondite de sus amigas y los cambuches hasta situarse a unos pocos pasos de las muchachas dormidas. La claridad de la noche le permitió confirmar lo anteriormente sospechado: Estefanía no se encontraba en aquel grupo de esclavas. Además, ¿no era de suponer el encontrar al menos a uno de los capataces haciendo guardia? Todo era muy extraño. Pero sus ojos no tardaron, entre los ronquidos de los capataces y de alguna de las esclavas, en encontrar la supuesta razón por la cual su gemela no se hallaba en aquel sitio: uno de los grilletes se encontraba abierto, tendido sobre una pequeña zona en donde se podía notar como alguien había estado acostado. Al lado se podía ver un juego de c

