Piernas, tronco y brazos empezaban a molestarla. El terreno recorrido entre el espeso follaje de los matorrales ya mostraba sus consecuencias. Valentina era cada vez más consciente de las dificultades de su aventura. No solamente el haber asesinado a un hombre y soportar las afugias del penoso camino, sino también las acciones a las cuales se verían obligadas a realizar una vez hallaran el lugar en donde se encontraba Estefanía, a quien consideraba el amor de su vida y por quien debería hacer hasta lo imposible para lograr rescatar. –Ya no aguanto más –dijo Bárbara, sacando a Valentina de sus cavilaciones. La hermosa pelirroja, también su cuerpo marcado por los raspones dejados por las ramas de plantas y arbustos, venía mostrando su cansancio desde hacía unos minutos, y este parecía estar

