El contraste del agua fría de la alberca con el calor de sus cuerpos era un shock constante, manteniendo la intensidad al límite. Marcial la sacó del agua con un movimiento rápido y la apoyó contra un pilar de madera, su respiración agitada resonando en el silencio del establo.
-A cuatro patas aquí, señora,-susurró Marcial, la voz autoritaria.
Katrina se puso a cuatro patas sobre el suelo, su cuerpo temblaba de adrenalina y deseo. Sintió el peso de Marcial penetrándola por detrás. La pose era la sumisión que anhelaba su espíritu reprimido.-Así... muévete más, hermosa... muévete más.- La voz profunda de Marcial era un látigo de placer. Katrina estaba tan extasiada que, por un instante, el placer la transportó cinco años atrás. Recordó una época oscura cuando, sin otra opción, tuvo que prostituirse. Maciel, su ex proxeneta le pedía exactamente lo mismo: "Que se moviera más fuerte". Pero la sensación ahora era radicalmente diferente. Aquello fue vacío; esto era un incendio liberador. La humillación se había transformado en un poder ardiente. Katrina estaba sudada, su cabello mojado y enmarañado. Marcial, sintiendo que el clímax se acercaba, la dio vuelta con una fuerza controlada, obligándola a mirarlo. Sus ojos se encontraron, y la intensidad de la conexión era una confesión de su mutua desesperación.-¡Ay!- gimió Katrina, un grito de puro placer al alcanzar el pico. El acto se prolongó, la urgencia desbordada los llevó a buscar un lugar menos expuesto. Marcial la alzó y subieron a un pequeño cuartito en el piso de arriba del establo, utilizado para guardar monturas viejas, donde un camastro rústico ofrecía un respiro. La recostó boca abajo. La luz mortecina de una lámpara sin cubrir proyectaba sombras alargadas.Con cada caricia, Marcial desmantelaba la fachada de la señora de la hacienda. Hizo con ella lo que quiso: un juego de posesión y dominación erótica donde la fiera de Katrina finalmente encontraba un lugar seguro para rugir.Marcial exploró la piel de su espalda, de sus muslos. El control absoluto que él ejercía era el éxtasis que ella necesitaba para olvidar a Arthur, a Elizabeth y a los cuatro hijos que la ataban a un matrimonio de cenizas. Katrina se retorció, el placer la elevaba, sus manos agarraban la tela del camastro. Su cuerpo era ahora un mapa de sensaciones puras y extremas. Era un regreso al riesgo, a la adrenalina que Arthur le había negado al prohibirle el salto. Era la versión más cruda y honesta de sí misma. El éxtasis era tan completo que la hizo llorar, lágrimas de liberación y culpa, todo a la vez.Mientras el Edén se quemaba lentamente en el establo, la traición se consumía en Londres. Arthur se encontraba en el apartamento de Lenna. El café que ella le había ofrecido se había enfriado en la mesa de la cocina. El encuentro se había trasladado rápidamente a la alfombra. Lenna, desesperada por revivir el pasado y atraparlo, se entregó con una pasión que Arthur apenas registró. El acto fue frenético, pero vacío. Arthur se movía mecánicamente, sus ojos fijos en la nada. La rubia no era Katrina. Le faltaba la fiera, el desafío intelectual, el dolor que a veces se mezclaba con el deseo en su matrimonio. Lenna no logró llenar el vacío de su amor, ni aliviar la culpa por la humillación que le había infligido a su esposa el día anterior. Arthur se apartó, sintiéndose más solo que cuando llegó. Se vistió en silencio, sin mirarla.
-¿Qué pasa?-preguntó Lenna, herida.-No pasa nada-. Tengo que volver. -Los niños...-
-Siempre los niños,-
murmuró ella.Arthur no respondió. La necesidad de dominación, de control, no había sido satisfecha. El vacío de su corazón lo empujaba hacia una oscuridad más profunda. Salió del apartamento de Lenna y, en lugar de ir a la hacienda,llamó a su chófer.
-Lléveme a la dirección de Melina Melinton-
Arthur se fue buscando en Melina de nuevo lo perdido, la única mujer que comprendía su necesidad de poseer, la única que podría rivalizar con la nueva y peligrosa libertad que Katrina acababa de encontrar en los brazos del guardián del establo. El matrimonio no era solo una traición, sino una espiral de secretos, donde cada vacío de un cónyuge era llenado por la sombra de otro amante. El Edén estaba completamente consumido, dejando solo el humo y la promesa de una destrucción total.Katrina se vistió en silencio mientras Marcial se había quedado dormido. Ella buscó en el bolsillo de su falda, sacó un pedazo de papel y escribió: '"Mañana si mi marido no viene a la merienda nos vemos cerca del lago".
Katrina salió del establo y caminó descalza hasta adentro de la mansión. Desde su habitación, Elizabeth, la madre de Arthur la vió salir corriendo. Mientras salía de su habitación, Katrina se metía al baño dándose una ducha reconfortante para sacarse el olor a establo y sobre todo el olor a Marcial. Sentía culpa, pero sabía que Arthur, a esas horas, no estaba dando clases ni de reunión de directorios en la Academia. Cuando salió del baño, vió a Elizabeth parada en la puerta-¿ No crees que es peligroso que una mujer casada ande sola a estas horas de la noche?- Katrina la miró con el ceño fruncido - ¿ Y usted no cree que a esta hora, su hijo debería estar durmiendo con su mujer y no por ahí?.Buenas noches suegra, que descanse. Katrina la dejó parada en medio del pasillo mientras ella se dirigía a la habitación matrimonial.
Arthur, dormía en algún lugar de Londres con Melina Melinton, su ex antigua amante. Las cenizas habían comenzado a cubrir " El Edén"
A la mañana siguiente... Arthur llegó cerca de las seis de la mañana, Katrina no preguntó, solo se volteó para el otro lado, y siguió durmiendo un poco más. A las 7 de la mañana se levantó mientras Arthur dormía, despertó a Patrick para su jornada en la Academia y Margaretã para su clase de kindergarden.