CAPITULO VI: VIGILANCIA Y PROMESA

1044 Palabras
Katrina condujo a sus hijos mayores a la Academia, el prestigioso instituto dirigido por Arthur, donde los dejó antes de continuar su viaje a Londres. Los mellizos, Elizabeth y Philips, se habían quedado en casa con Clara. Katrina ya había investigado guarderías discretas, pensando en cómo colocarlos pronto, a pesar de la firme y silenciosa negativa de Arthur a "confiar a sus hijos a extraños."-​Mientras Katrina se dirigía a su cita en el museo en Londres, Arthur aún dormía. La noche de doble transgresión—el sexo mecánico con Lenna primero, y la búsqueda de liberación sádica con Melina después—lo habían dejado física y emocionalmente exhausto, una pesada resaca de culpa.​Cerca del mediodía, Arthur finalmente se levantó. Salió de la habitación, desorientado por la luz brillante, y notó la ausencia de Katrina. ​-Buen día, señor,-Clara lo saludó con amabilidad desde la cocina, mientras le daba la papilla a los mellizos, que estaban en sus sillas altas.​Arthur se frotó la cara. -¿Y Katrina?- ​-Salió temprano con los niños mayores, los llevó a la Academia y luego se iba al museo. -Dijo que tenía asuntos que atender pero que al medio día estaría acá.-​Elizabeth, que acababa de desayunar, entró en la cocina con su taza de té, una figura imponente con un chal de seda. Sus ojos eran fríos y penetrantes.-¿Qué pasó que llegaste a las seis de la mañana, Arthur?- El tono no era de pregunta, sino de juicio.​Arthur suspiró con irritación. -Clara, ¿nos dejarías solos, por favor?- ​-Sí, señor.-Clara se levantó en silencio.​Una vez solos, Arthur tomó las cucharas de la papilla y alzó a los pequeños, sosteniéndolos como un escudo. -A ti no te interesa, madre. Mis horarios son míos.- Elizabeth bajó la voz, conspirativa. -Mira, hijo. Anoche. Cerca de la medianoche, tu mujer salió del establo y luego se dio una ducha.- Arthur forzó una risa seca. -¿Y? -Siempre hace eso. Ella sabe ir a ver a Danza, su yegua, si está estresada. Es algo que hace. No es un misterio.-​Elizabeth dejó su taza con un tintineo. -Mira Arthur, una esposa de su posición no anda a medianoche sola por la hacienda. Vigílala. Recuerda su pasado- ​La mención de su pasado como prostituta, la mancha de su origen que Arthur había intentado borrar con el matrimonio y los títulos, resonó en la cocina como un disparo.-¡Cállate, madre!-Arthur soltó las cucharas, la rabia era visible. Se levantó de la mesa, empujando la carriola de los mellizos hacia su estudio, buscando refugio del juicio de su madre, pero la duda ya se había instalado. ​En el establo, Marcial Begnini se despertó en el camastro rústico, sintiendo el cuerpo adolorido, pero con una satisfacción inédita. Vio la pequeña nota de papel doblada que Katrina había dejado: -Esta tarde cerca del lago si mi marido se va a la Academia.-Marcial sonrió levemente. No solo había probado la prohibición, sino que había sido invitado a probarla de nuevo. La sutil dominación de Arthur sobre su esposa se había convertido en una oportunidad para él. Mientras tanto, en el corazón de Londres, Katrina estaba en el Museo de Arte Contemporáneo, inmersa en su trabajo. Se encontraba junto a Jean-Marie Laven, un renombrado artista plástico francés con una reputación impecable. Juntos, organizaban la muestra de arte contemporáneo de la temporada, donde Katrina expondría uno de sus trabajos de restauración más complejos. ​-Katrina, el montaje de la pieza de Renard debe ser perfecto,-decía Jean-Marie, su tono educado y exigente. -La luz debe caer justo en la esquina para enfatizar la textura oxidada.- ​Katrina revisaba sus notas en su tablet. -Lo sé, Jean-Marie. La iluminación de la sala tres es complicada. He sugerido usar reflectores dicroicos para reducir el deslumbramiento en las capas de pintura más oscuras. -¿Aprobó el presupuesto que envié ayer?-Sí, sí. Todo aprobado. Pero, dime, ma chérie,- Jean-Marie cambió a un tono más íntimo, -pareces... más ligera hoy. ¿Acaso el Edén te ha dado un respiro?-​Katrina sonrió, una sonrisa genuina que no había mostrado en días. La liberación del establo le había inyectado una energía inesperada. -Digamos que encontré una nueva forma de respirar, Jean-Marie. El trabajo de restauración a veces requiere riesgos, ¿no crees?- ​-El arte sin riesgo no es arte, querida. Es una simple artesanía. Y tú nunca has sido artesana. Hablando de riesgos, el evento de vernissage será un caos de medios. Tu esposo vendrá, ¿verdad?-Arthur estará aquí. Es director de la Academia. Es parte del protocolo.-La mención de Arthur bajó instantáneamente el tono de Katrina.-Bien. Porque necesito verte brillar, no solo como la esposa del director, sino como la artista que eres. Esta muestra es tuya.- Jean-Marie le dio un toque en el brazo. -Ve a casa y descansa esa nueva luz que tienes. Te espero mañana para los últimos detalles.- Katrina asintió, sintiendo el peso de la fachada. El riesgo del lago esta tarde era inminente, y sabía que, después de las palabras de Elizabeth, debía ser excepcionalmente cauteloso. Pero la promesa del reencuentro con Marcial valía el riesgo. La fiera en ella ya no aceptaba la jaula. - Jean Mari- ¿ Si querida? - Podre... digo que será posible que el sábado exponga mis trabajos que nunca vieron la luz. - Traelos mañana y veremos cuál se ajusta más a la expansión, pero sé por alguno que eres talentosa. - Bueno,.ese alguien debe ser mí hasta ahora marido, el que no me dió lugar para trabajar con el en su Academia- Jean Mari le acarició la mejilla en un gesto paternal - Querida donde no te dejan volar ni brillar, ahí...no hay que quedarse- Katrina frunció el seño en forma de tristeza. - No es fácil, tengo cuatro niños Jean Mari¿ Cómo haría? - Como todas las mujeres valientes que han pegado el portazo - Pero lo amo,.solo estoy confundida - Jean Mari la abrazó y le dijo - Entonces usa esa confusión para crear,y si esa confusión te lleva a otros brazos mon cher, vuela...- Katrina salió del museo, subió a su auto y manejó de regreso hasta el Edén
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