Desperté por el sonido de las puertas de un carro. Creo que dormí más de la cuenta. Guillermo encendió el aire acondicionado más fuerte y eso debió reconfortarme. Hablamos hasta muy tarde. Su conversación fue desde comprar un buen equipo de música hasta hacer un viaje por las costas en nuestro yate. Ese yate que vino con mi boda y que nada más había pisado una vez. Pensándolo bien creo que me dormí escuchándolo, yo estaba apoyada en su pecho, mirando la luna reflejada en el televisor, la luz de esta entrando por la ventana, su mano herida a duras penas podía acariciar mi cabello y su voz, su voz con un tono tan sereno, tan tranquilo, tan soñador. Sin prometer, prometía. Y Al final, al final, antes de caer en mis sueños creo que escuché. –Te quiero tanto. Eso, eso creí haber

