Nos metimos en la ducha y todo el tiempo estuvimos tocándonos. Sus besos con sabor a jabón me encantaban. Pasar las manos desde sus hombros y deslizarla hasta sus manos me daban poder. Bajo el agua reímos delas burbujas de nuestros besos y después espantábamos la espuma del jabón en los ojos rascándonos indeteniblemente. El tema de su atentado lo eludía apenas lo mencionaba y estaba segura de que sí insistía sacaría lo peor de él. Por esta noche estaba bien tomar riesgos y sentir lo que sentía. Saber que de regreso a la cama volveríamos hacer el amor, él y yo. –¿Quieres cenar en la playa? –Me preguntó cuándo yo me peinaba frente al espejo del baño y él ya se calzaba en el cuarto unas sandalias deportivas abiertas atrás. –Dices ¿cenar con mesa y comida? –Y velas, música, olas,

