Ana Era domingo. El sol entraba por las ventanas y Mía jugaba tranquila en la sala. Yo estaba preparando el almuerzo cuando me llegó esa notificación... Solicitud de custodia. Marco me acusaba de maltratar a mi hija. Sentí cómo se me helaba la sangre. Me temblaban las manos mientras leía una y otra vez esas mentiras. ¿Malos tratos? ¿A Mía? ¿A la niña por la que lo he dado todo? Era una pesadilla. Max estaba furioso. Su mandíbula apretada, los puños cerrados, los ojos encendidos. Si Marco se hubiera atrevido a aparecer, lo habría matado. Y yo no lo habría detenido. Más tarde, Sofía llegó. Mi hermana, mi roca en medio de todo. Max aprovechó para salir, según él, a resolver unos temas del trabajo, aunque sabía que era más para no explotar frente a Mía. Sofía abrazó a mi pequeña y le en

