XVI

2704 Palabras

XVI No nos sentamos a la mesa hasta las tres de la tarde. En el comedor apenas se cabía; lo ocupaba casi todo la inmensa mesa en forma de herradura, guarnecida por simétricos jarrones con flores y ramilletes de dulce. Yo no sé cómo había ido reuniéndose gente y más gente en la boda: los convidados pasábamos de treinta. Había allí mucho señorío de San Andrés, mucho cura, mucho médico, el ayudante de Marina, dos o tres propietarios rurales, alcaldes, caciquillos, señoritas, amigos políticos de mi tío, y hasta el buen D. Wenceslao Viñal, que se colocó a mi lado por gusto de tener a quien hablar de sus chifladuras arqueológico-históricas. Lupercio Pimentel, el ahijado de D. Vicente Sotopeña, ocupaba el puesto de honor a la derecha de la novia. Era apuesto, correcto, bien hablado, cordial y b

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