XV

1933 Palabras

XV El día de la boda, dos después de este episodio, me desperté con la impresión de sentir allá dentro, dentro, en el fondo de la caja torácica, el molimiento del batacazo. A fuerza de aplicarme paños del árnica que compré secretamente en la botica de San Andrés, había conseguido que no se marcasen las contusiones y erosiones que tenía en la cara y manos. De mi ropa se había rasgado tan sólo el forro de la americana; menos mal. Los dos únicos testigos de la escena sin duda se habían puesto de acuerdo para callar; pero me miraban de vez en cuando, y yo sentía desagradable impresión al encontrar la mirada de Carmiña, triste y severa, o los ojos del franciscano, en que me parecía notar mezcla humillante de enojo y desdén. Por eso lamentaba tener el cuerpo tan quebrantado, «¿A que me he rese

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