Domingo 08 de Julio del 2018.
7p.m.
—Signori passeggeri, stiamo per atterrare all'aeroporto Leonardo da Vinci (Señores pasajeros, estamos por aterrizar en el aeropuerto Leonardo da Vinci)—escucho decir al piloto de vuelo—. Grazie per aver volato con noi e con la compagnia Alitalia (Gracias por haber volado con nosotros y con la compañía Alitalia).
Me quito el antifaz de los ojos y me estiro lo más que puedo en el asiento. Este ha sido un vuelo de dos horas y media; estoy un poco cansada porque no he dormido bien los últimos días a causa de los nervi (nervios), pero a pesar de eso, me siento muy feliz de poder al fin regresar a Roma, la mia dolce casa. Subo la persiana del avión para observar mi ciudad y sonrío.
—Bella come sempre. Te extrañé demasiado, mi Roma—murmuro viendo las luces encendidas en cada rincón. Es sin duda muy hermosa y mágica de notte. Le llaman la ciudad eterna porque pareciera que el tempo se hubiera detenido para contar la historia del imperio de aquellos siglos. Visitar sus calles se convierte en un viaje en el tiempo para los turistas e incluso para nosotros los romani.
Abrocho mi cinturón de seguridad y enderezo el asiento preparándome para el aterrizaje. Tengo un año e due mesi (dos meses) que me fui para trabajar en mi sueño, para ser una mujer diferente y aprender a amarme. No he tenido comunicación con nadie más que con la mia sorella (hermana), con Aprile y Noemi. Ellas son las únicas personas que me han aiutato en cada etapa de mi transición.
—Aquí vamos—cierro los ojos sientiendo el choque de las llantas con la pista y el pequeño chirrido que hacen al frenar—. Sono già qui, sono già qui (ya estoy aquí).
7:50pm
Aeroporto Leonardo da Vinci
—¿Pronto? ¿Aprile? —digo caminando con mis valigie (maletas)—¿Me escuchas?
—¿Clara? ¡Ay que emoción! —chilla al otro lado del mobile—Estoy en la sala de espera. Vi en la cartelera que tu avión arribó hace como media hora. ¿Dónde estás?
—Estoy saliendo por la porta de llegadas internazionale y… Creo que te estoy viendo—respondo sonriendo.
—¿Enserio? No te veo.
—A ver ahora…—digo levantando mi mano entre los pasajeros.
Sonríe al reconocerme entre la gente y corta la llamada para correr a abbracciarmi (abrazarme). —¡Clara! ¡Que alegría volver a verte! —dice emocionada.
—Lo mismo digo, amica mía—respondo con una sonrisa—. Oye, te lo he dicho muchas veces por cámara, pero ahora que estoy aquí, lo repito… El matrimonio te ha caido excelente. Estás bellissima.
—Ay, no exageres—dice tocando mi cabello—. Aquí la única que se ve hermosa eres tú. Has cambiado muchísimo. Mira tu ropa, tu cabello… Bajaste de peso también. ¡Te ves espectacular!
—Grazie mille, creo que Londres me cayó bien—sonrío—. Seguí cada uno de tus consejos y me arriesgué a cambiar mi estilo de vita. Ya estaba cansada de verme tan grigio (gris).
—Esta es la verdadera Clara que tenía que salir a relucir—responde abrazándome de nuevo—. Me siento muy orgullosa de tu progreso.
—He dejado la vieja Venturelli en el pasado y ahora mi sento libero (me siento libre)… feliz de volver renovada. No sé que habría hecho sin tu ayuda, sin la mia sorella e incluso Noemi…
—Para eso estamos las amigas—sonríe tomando mi bolso—. Vayamos a casa, ¿quieres? Marco se ha quedado a prepararte una deliciosa cena de bienvenida.
—Mi jefe—digo arrastrando mi valija—. Porque sigue siendolo, ¿giusto? (¿verdad?) ¿Todavía tengo mi puesto como asistente?
—Eso tendrás que discutirlo con él—responde alzando las cejas—. Anda, no te preocupes y vamos.
Caminamos hasta la macchina de pago y bajamos al nivel 2B para buscar el vehículo. Sonrío cuando reconozco el Maserati gris de mi jefe. Parece menzogna (mentira) que estén casados y ya haya pasado un año completo desde aquel evento tan meraviglioso. Los recuerdos de la fiesta invaden mi mente llegando hasta Fabio Girardi. No, no… No vamos a traer malos momentos a mi presente. No vale la pena.
Aprile abre el bagagliaio dell'auto (maletero del auto) y me pide que suba.
—Listo—dice abrochando su cinturón—. Andiamo a Lazio.
—Lazio—sonrío haciendo lo mismo que ella—. ¿Cómo te está yendo en tu nuevo hogar?
—La casa es increíble, Clara. Al principio me costó un poco adaptarme puesto que es gigantesca y ya sabes—hace una mueca saliendo del estacionamiento—, hay que tomarse el tiempo para limpiar… Limpiar mucho. Por otro lado, estar con Marco es un sueño, me trata como princesa. Cada día me enamoro más y más y más de ese bello hombre romano…
«Ojalá yo también pudiera tener un amore así» pienso al escuchar sus parole (palabras).
—Ahora, cuéntame. ¿Cómo te fue en el conservatorio? ¿Qué tal las clases? —pregunta desviándose de la autopista.
—La verità era eccellente (La verdad me fue excelente), las primeras lezioni (lecciones) no fueron para nada fáciles, pero después de varios meses me hicieron tener confianza en mi y en el talento que tengo para cantare. Estoy feliz de haber tomado esta decisión. Además, con el diploma, los reconocimientos y raccomandazioni (recomendaciones), puedo abrirme paso al mundo de la farándula si asi lo quiero—sonrío.
—Tienes un talento tan maravilloso, Clarita. Estoy segura de que tienes largo camino por delante. ¿Recuerdas lo que te dije la primera vez que te conocí?
—Si, que nada es imposible en esta vita. Cuando tenemos un sueño, debemos luchar por él hasta el finale.
—Así es—asiente—. Déjame decirte que la Clara que conoci en aquella oficina y la que tengo sentada hoy a mi lado, son polos opuestos. Estás más radiante, más viva y llena de esperanza. Vas por buen camino, amica mía—dice sonriendo.
¿Quién mejor que Aprile Maccali para aconsejarme? Ella ha pasado por muchas pruebas. Luchó por su amore, por el sueño de ser una gran bailarina e incluso sabe lo que se sente arriesgar la propia vita por las personas que ama. A mis ojos, es una verdadera amiga, una mujer en quien puedo depositar mi fiducia (confianza) sin temor a ser traicionada.
—No ha sido facile, pero ahora que veo los cambios en mi y las ganas que tengo de triunfar, puedo decir que ha valido la pena cada esfuerzo—expreso con lágrimas en los ojos—. Grazie mille, amica… Grazie mille.
—No hay nada que agradecer y lo sabes—dice tomando mi mano.
Se desvia y toma la salida 1 en Grande Raccordo Anulare/E80 rumbo a Via Aurelia. Non vivo muy lejos, pero hoy me quedaré en la sua casa. Desde hace una semana me ha pedido pasar tempo juntas antes de que entre a trabajar… Bueno, si es que Marco Pirone me acepta ancora (de nuevo) en la empresa.
—¿Te molesta si pongo algo de música?
—Para nada, es tu auto—sonrío y me recuesto en el asiento.
La appiccicosa (pegajosa) melodía de ese artista que tanto le piace (gusta) comienza a sonar. No recuerdo como se llama… ¿Berek, Barik?
—¿Cómo es que se chiama (llama) este artista?
—Buray—sonríe—. Está cantando Su olsam, que quiere decir, si yo fuera agua.
—¿Cómo hiciste para aprender turco? —pregunto sorprendida.
—Marco—alza los hombros—. Él es quien me ha contagiado con la pasión que siente por Estambul.
—Recuerdo que il mio capo (mi jefe) viajaba seguido para allá y sempre traía alguna anécdota. Por ejemplo, la de los scarpe (zapatos)—digo moviendo mi pie al ritmo de la música.
—Oh si, eso es algo que le asombró mucho. Si mal no recuerdo, en una ocasión fue a dormir a casa de Kerem, su colega de Erdem Arquitectos. Dice que a la entrada le pidió de favor que se quitara los zapatos y los dejara en la alfombra. Marco no entendía lo que estaba pasando en ese momento, pero hizo lo que le pidió.
—Oh si—respondo comenzando a reir—. Dijo que no durmió en toda la notte pensando en que sus zapatos no estarían allí a la mañana siguiente.
—Pero si estaban—responde sonriendo—. Ahí aprendió que la cultura de honestidad y respeto pisan demasiado fuerte en Turquía.
—Que bonito es conocer otras culturas. Ojalá yo tenga a alguien así para condividere avventure (compartir aventuras) por el mundo.
—Hablando de aventurero…—dice haciendo una pausa—¿No sabes nada de Fabio?
El solo escuchar su nombre setola la mia pelle (me eriza la piel). No he tenido noticias suyas desde nuestro baile en la boda de Aprile.
—No, no sé nada de él y creo que prefiero no cruzármelo.
—Sabes que eso es imposible. Trabaja con Marco y visita la empresa unas dos o tres veces por semana—quita la vista por unos segundos del camino y me mira—. No me mientas… mueres por verlo de nuevo.
—¿Sei fuori? (¿Estás loca?) —digo moviendo mi mano de un lado a otro—. Después de lo que me hizo, non voglio vederlo (no quiero verlo).
—Clara… Creeme cuando te digo que ha cambiado.
—Ay, ¿enserio? —volteo y alzo una ceja—Non ti credo (No te creo).
—Ok, está bien. Lo mujeriego no lo deja ni en broma, pero ha tratado de enmendar sus errores y ser mejor persona. No sé, ahora es más responsable, mas centrado en las metas que quiere alcanzar.
—Me alegro por él. Ojalá le vaya bien… Stronso (estúpido)—digo mirando el letro de la Via Nazareth—. Mientras no se meta conmigo, no tengo problema.
—Ya hablaremos de este tema más tranquilas—murmura saliendo de la autopista. Las puertas de la entrada amurallada se abren en automático y pasamos—. Hemos llegado. Bienvenida a mi hogar.
Me enderezo y abro los ojos al ver la dimora (mansión) a lo lejos. ¿Estoy en un cuento de hadas o es la casa de la que tanto me habló Aprile?
—Tejas de estilo coloniale, ventanas curvas de carácter mediterraneo—digo sonriendo—. Ladrillos incrustados en la fachada y la illuminazione de cada farol está quí, tal cual como la describiste.
—Según Marco es la típica fachada de una villa italiana, pero para mí es más que eso.
—Lo es, el diseño es muy común de una casa italiana—respondo coincidiendo con mi jefe—, pero este lugar parece haber salido de una película. Que fortuna, amica.
Rodeamos el jardín y nos detenemos en la entrada principale. Me bajo sin dejar de mirar las torres en ambos lados y los alberi (arboles) a los alrededores… Wow.
—Bienvenida a mi humilde hogar—dice abrazándome por el hombro.
—Tu casa es preciosa, Abril—respondo—. Grazie per avermi ospitato (Gracias por recibirme).
—¡Heeey! ¡Pero miren quien ha arrivato! —grita mi jefe abriendo la puerta—¡Ciao Clara! Benvenuti a Roma—dice dándome un fuerte abrazo.
—Caro capo (Querido jefe)—digo correspondiéndole—¡gracias por recibirme!
—Nada de jefe, deja eso para la empresa—responde sonriendo—. Porque volverás, ¿non è così? (¿no es así?) Te necesitamos muchísimo.
—Marco, acaba de llegar y ya estás molestándola con el trabajo—dice Aprile negando con la cabeza—. Déjala tranquila.
—Oh, la mia moglie (esposa)… Siempre poniéndome el freno en todo—sonríe de lado y la abraza dándole un sonoro beso en la mejilla—. Entonces, ¿seguirás con nosotros, Clara?
—Ahí vamos de nuevo…—susurra Aprile cerrando los ojos.
—Por supuesto che si—comienzo a reír—. Será todo un gusto volver a ayudarle, capo. Solo espero pueda darme la opportunità de seguir con mi proyecto personal a la par.
—Lo que tu desees—sonríe.
—Bueno, dejemos de lado el tema. ¿Qué te parece si pasamos a la casa a cenar?
—¡Si! He preparado lasagna y tengo listo el vigno tinto que Girardi me dejó esta tarde para recibirte. ¡Andiamo! —grita mi jefe caminando hasta la porta.
—Discúlpalo, él aún no sabe lo que pasó entre Fabio y…
—No hay problema—susurro tomándola del brazo—. Fabio es pasado.
Ella me mira no muy convencida, pero no dice nada más. Ojalá, Girardi, fuera un tema del passato… Sin embargo, sigue presente… muuuuy presente en mi mente y cuore.