III Buongiorno, ragazza

2903 Palabras
Lazio, Roma 8:30am —¿Clara? Levantate dormilona—escucho la voz de Abril y sus golpecitos detrás de la porta. Abro los ojos desorientada y doy un salto de la cama. Miro el orologio (reloj) en la pared marcando las ocho y media—¿Me quedé dormida? ¿Teníamos que hacer algo hoy? —No, tranquila. Marco tuvo que ir a trabajar temprano y solo me preguntaba si querrías desayunar conmigo—responde—Oh, pero si prefieres descansar un rato más, puedo dejarte. —¡No, no! —expreso dando un gran bostezo—. Desayunemos juntas. —¿Puedo pasar? —Adelante—digo levantándome para abrir las cortinas de las finestre (ventanas). Sonrío al verla asomarse por el marco de la puerta—. Buongiorno. —Buongiorno, bellezza romana—responde sentándose en la cama—. ¿Descansaste bien? —Meravigliosamente, ¿e tu? —También—sonríe cruzándose de brazos—. De verdad que me encanta tenerte en casa. Extrañaba tu compañía en Roma. —¿Ma cosa stai diciendo? (Pero ¿qué dices?) Tienes a Marco, el hombre más guapo en la ciudad y encima te hace compañía todas las noches—respondo tratando de no reírme en su faccia (cara)—. Es broma. Yo también te extrañé. —Muy graciosa, romanita—responde tirándome una almohada—. Me refiero a que necesitaba la presencia de una amiga para conversar, salir y compartir bonitos momentos. Mimi está lejos también y solo nos vemos por cámara. —Hmm… Pues ya no estarás sola. No pienso irme de Roma por un laaargo tiempo—digo guiñándole un ojo y entrando al baño—. Me baño y salgo, ¿va bene? —Oook, mientras iré preparando el desayuno—grita al otro lado de la puerta—. ¿Café moka como siempre? —¡Oh! ¡No lo olvidaste! —Por supuesto que no, tengo una mente brillante. Te espero abajo. Escucho sus pasos alejarse y abro el acqua caliente. Me miro en el espejo contemplando mi nueva yo. —Lo hemos logrado después de tutto—digo dando un suspiro. Es increíble cuanto he cambiado en un año. Mi capelli (cabello) que solía ser n***o y largo hasta la cintura ahora es corto hasta le spalle (los hombros) y de un color rubio oscuro con ciertas mechas cobrizas. Los rollitos que tanto me piacevano (disgustaban), los he cambiado por un abdomen firme y moldeado. Incluso he sustituido mi armadio (guardarropa) por uno más fresco, colorido y de mi edad. Estoy encantada con todo lo que logré durante mi estadía en Londres. Me siento tan forte y llena de vita que estoy segura de que puedo con todo lo que se me atraviese. «¿Está sicuro (segura) de eso?» Susurra mi voz interior. «¿Qué pasa si te lo encuentras? ¿Podrás con lui (con él) también?»  —Non lo sé… No quiero verlo—susurro metiéndome en la ducha. Anoche durante la cena, lo único que podía hacer era ver la etichetta (etiqueta) del vino que me envió. «Para Clara Venturelli, con tutto il mio affetto (con todo mi cariño). Fabio Girardi» decía en letras doradas. Juro que jamás había probado un vino tan dolce y aromático. Admito que ese detalle movió mi piso por unos segundos, sin embargo, recuerdo sus parole (palabras) llenas de indiferencia, la manera en que no le importó lastimarme al irse con otra donna (mujer) y mi mundo se viene abajo. «Ese vino fue para apaciguar las acque (aguas). Sabe lo pésimo que se portó la ultima vez che ti ha visto (que te vio) y quiere quedar bien ahora que estás de regreso. No dejes que te domine tu amor por lui (él)» susurra esa vocecita otra vez en mi cabeza. Es verdad… No importa cuanto se esfuerce, él es y seguirá siendo un conquistatore profesional.   9:15am Prima colazione (Desayuno) —Que bonita tu chaqueta de jean—sonríe poniendo las tazas en la mesa—. Y esos jeggings negros te sientan de maravilla. —Grazie mille, Aprile—digo ayudándola con los platos—. Quise renovar mi armario y vestirme como la donna (mujer) joven que soy. ¿Crees que este t-shirt de rayas y las zapatillas blancas combinen bien con lo demás? —Se acoplan a la perfección—responde recargándose en la mesa integral—. Por cierto, ¿haces dieta o algo así? No quiero arruinar tu figura con los deliciosos cornetti (croissants) que están por salir del horno. —Cornetti… Mmmm… ¡Mamma mia! —cierro los ojos tocando mi vientre—. No hay nada que el ejercicio no solucione. —Lo sabía—dice desplegando una sonrisa luminosa. —Bueno, en lo que esos cornetti se preparan para ser devorados, quiero que me cuentes como va tu accademia. ¿Cuándo piensas inaugurarla? —pregunto sirviéndonos café moka. —Grazie—dice tomando su taza entre las manos y soplando el interior—. Espero el próximo mes tener todo listo. Estoy ultimando algunos detallitos en cuanto a decoración, pero no le falta mucho. ¡Me siento tan emocionada, Clarita! —Y no es para menos. Al fin podrás tener el luogo (lugar) de tus sueños. Puedo preguntar ¿por qué se dilató tanto? —Don Pirone tenía mucho trabajo en la empresa. Los primeros meses de casados casi no lo veía—murmura poniendo Nutella en su tostada—. Así que hablé con él y logró aceptar a regañadientes que me dedicara cien por ciento a ayudarlo en la empresa. Después que las aguas se apaciguaron, inicié con mi proyecto personal. —¿Y él te apoyó? —Cien por ciento—sonríe—. Estuvo ahí conmigo desde la compra del lugar, hasta los detalles más ínfimos. —Son una pareja ejemplar, Aprile—digo franca—. Su amor va más allá de todo. Que bueno que mi jefe te tiene a ti. Es muy fortunato (afortunado). —Los dos lo somos—sonríe orgullosa—. Él es un excelente marido. Hay gente que dice que después de casados, ya no es el mismo amor de noviazgo—alza los hombros restándole importancia—. Mi caso no es ese, nuestro amor sigue creciendo y cruzando niveles. Encontrar a la persona correcta te trae satisfacciones, paz y mucha felicidad. —Que lindo describes al amore—expreso suspirando—. Ustedes son mi inspiración. —No somos taaaan así, pero gracias por considerarnos. Oh, ¿me esperas un segundito? —dice mirando su teléfono—Debo atender esta llamada. —Ve tranquila. —¿En cinco minutos apagas el horno por mi? Grazie—abandona la silla y sale de la cocina—. ¿Pronto? Si, soy yo, gracias por llamar… Me levanto de la mesa para prender la luce (luz) del horno y mirar los cornetti dorándose de a poquito. —Signor capitano io devo andar... (Señor capitán, me tengo que ir…) Vengo anch'io che te, non mi puoi lasciar (Voy yo también contigo, no me puedes dejar)—canto dándole un sorbo al café—Non non ti lascerò, io lo so già, starò vicino a te per l'eternità. (No, no te dejaré, yo lo sé, estaré cerca de ti por la eternidad). Esa canzione me recuerda mucho a mi madre. Solía cantarla mientras cosía vestidos para venderlos en la Piazza del Campidoglio. Iva Zannichi sempre fue su cantante favorita. Decía que algún día yo sería igual o mejor que ella. —Que bonita canzione—digo mirando el piso. —E quanto è bello quello che vedo adesso (Y que bonito lo que estoy viendo ahora)—interrumpe una masculina voz en la cocina. Me sobresalto levantando la mirada de golpe. «¡Non può essere! (¡No puede ser!)» grito en mi cabeza. Vestido con un saco azul, playera blanca y jeans oscuros, está frente a mi el uomo (hombre) que atormenta mi mente todos los días… Il mio amore impossibile (Mi amor imposible). Es tan atractivo que no puedo quitarle los ojos de encima, y al parecer él a mi tampoco. —Signor Fabio—digo enderezándome—. No sabía que vendría. È un piacere vedervi (Es un placer verlo). —Clara…—dice mirándome de arriba a abajo—El gusto es mío. ¿Sei entrato bene la scorsa notte? (¿Anoche llegaste bien?) —S-si—respondo quedándome quieta en mi lugar—. El vuelo estuvo bastante bien, grazie por preguntar. Camina a paso seguro con tutto esa aura peligrosa que posee deteniéndose frente a mí. Inclina su torso y me encierra con sus brazos quedando a pocos centímetros de mi cara. Sorride (sonríe) mirándome a los ojos, acariciándome el alma con cada suspiro que sale de su boca. Y su aroma…esa fragancia que tanto extrañé, baila a mi alrededor como invitándome a abbracciarlo (abrazarlo). ¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser tan bellissimo? —Los cornetti… —¿Qué? —Los cornetti—susurra apagando el horno—. Stavano per bruciare (Se estaban por quemar). Debes tener más cuidado, dulzura. «¡¿Pero que estás haciendo?! ¡Resisti, donna! (¡Resiste, mujer!)» Grita mi guerrera interior. —Ehmmm, si—carraspeo saliendo de su agarre—. Se lo agradezco. —Sembri diverso, Clara (Estás diferente, Clara)—musita. Mi nombre suena tan bien saliendo de sus labios…­­—. Londres hace milagros. Te vez bellissima. ¿Hermosa yo? ¡Ja! Ahora que he cambiado de look y bajado de peso, se da cuenta de que io esisto (existo). —Siempre fui bella—respondo levantando el mentón—. Lo que pasa es que… —Listo Clara. Ay, disculpa la tardanza es que... ¡Fabio! —grita Aprile entrando a la cocina. Me mira, la miro y nos miramos entre las dos sin saber qué decir. Estoy segura de que non sapeva (no sabía) que vendría… Me lo habría dicho. —¿Qué haces aquí? —dice acercándose para darle un beso en la mejilla—¿Otra vez adivinaste mi código de acceso? —Debes tener más cuidado a la hora de escoger tus claves, ragazza—sonríe acomodando su cabello—. Vine a verte, pero me encontré con… la señorita Venturelli. No sabía que estaría aquí. Ahora soy la signorina Venturelli… —Que tonto eres—dice Abril volteando los ojos—. Sabías de su llegada y que se quedaría en mi casa. Justo estábamos en una conversación muy interesante. —Yo.. Ehm… Lo mejor será que me vaya a casa, Aprile—digo dejando mi taza en la mesa—. Podemos parlare (hablar) más tarde si quieres. —No, no. Quédate un rato más, por favor. —Mi piacerebbe (Me gustaría), pero… Debo ocuparme de algunas cosas en casa, ya sabes—le hago señas con los ojos. —Oh, bueno—muerde su labio nerviosa—. Te llevo entonces. Solo tomo mi cartera y salimos. —No te molestes, amica—sonrío—. Puedo tomar un taxi, ya has hecho bastante por mi. —Pero… ¿Cómo crees? ¿Estás segura? —pregunta preocupada—. No me cuesta nada llevarte, lo sabes. —Non ti preoccupare di quello (No te preocupes por eso), ya la llevo yo. Tengo que ir a la ciudad a checar unos asuntos del viñedo—dice Fabio observándome. —¿Qué? ¡No! —digo reaccionando a sus palabras—No, eh… Quiero decir que seguramente usted debe tener muchas cosas que hacer. Non ti preoccupare (No se preocupe), puedo irme sola. —Insisto, te llevo—ladea la cabeza y sonríe de lado. Fabio Girardi… ¡Eres un desgraciado! ¡Un pecatto di ser humano! —Girardi, te la encargo muchísimo. Es mi amiga, no hagas ninguna de tus tonterías de macho quijote ¿de acuerdo? —lo señala Aprile con el dedo. —De acuerdo, la cuidaré y la dejaré en su casa; sana y salva. Partiamo, ¿ragazza? —pregunta agarrando mi mano. —Voy por mis cosas—me escapo de él y subo las escaleras. Creo que estoy por svenire (desmayarme) en este momento. ¿Fabio quiere llevarme a casa? ¿Qué mosca le picó a este sujeto? ¿De cuando a acá se ha vuelto tan gentile (amable)? —Oh claro, ahora lo entiendo—digo doblando mi pijama—. Me parezco a las barbies que frecuenta y ahora quiere que caiga en sus redes. Dannato. Pongo las cosas de mala gana en la valigia (maleta) y diez minutos después bajo hasta la sala. Arrastro mis cosas y me detengo al escucharlos parlare (hablar) en el jardín. —Angel guardián, te lo advierto. Regresó para seguir con su vida, no para que se la arruines con tus estupideces—dice Aprile cruzándose de brazos. —Lo sé, lo sé—responde Fabio recargado en su coche—. No pude resistirme cuando me dijiste lo mucho que había cambiado. Necesitaba verla con mis propios ojos. —Y ahora que la viste, ¿que piensas? —Que se ve espectacular. Es un mujerón. —¡¿Ves a lo que me refiero?! —grita Aprile entre dientes. Hace silencio mirando a todos lados y bufa—. Ella siempre fue una mujer increíble, pero tu solo ves lo físico. —¿Qué tiene de malo? —Deja de decir tonterías—responde golpeándolo en la cabeza—. Si no tienes nada bueno para darle, es mejor que te alejes o juro por lo que más amo, que es Marco y el café que me prepara, que voy a acabar contigo. Carraspeo tratando de hacer como si no hubiera escuchado nada y salgo por la porta guardando mis emozioni. Fabio se acerca hasta a mí para tomar mi maleta y llevarla hasta su auto. Bene… Va bene (Bien… De acuerdo). —Clarita—dice Aprile abrazándome. Me entrega una bolsa con los deliziosi cornetti y mira a Fabio para hablar bajito—. Si tienes oportunidad, habla con él. Ponlo en su lugar. —Lo haré. Te quiero—respondo separándome de ella y regalándole una sorridi (sonrisa). —Sube, damigella in pericolo (damisela en apuros)—interrumpe Girardi sosteniendo la puerta para mi. Sonrío amable y me subo a su hermoso Camaro rosso (rojo) convertible. Creo que es perfecto para él… Combina con su personalità (personalidad) tan libre, por no decir libertina. —Dame tu dirección, ragazza—dice mirando el tablero del gps. Trato de recordar la calle como puedo. Uff, es difícil hasta respirare cuando lo tengo tan cerca. —8 Via di Villa Albani—le dicto. —Estaremos ahí en mezz'ora (media hora)—dice y le sonríe a Aprile—. Cuidate, Abril. Te veré otro día. Ella nos saluda y me hace señas con la mano para que la llame más tarde. Le sonrío y salimos hacia la autopista. Tomamos Via Mattia Battistini y Via della Pineta Sacchetti hacia Galleria Giovanni XXIII en un silencio incómodo. Estoy sentada al lado del uomo (hombre) que hace a mi cuore latir, que me derrite con tan solo decir mi nombre. —Ragazza… —Si no le molesta, preferiría dormir durante el trayecto a casa—digo mirando por la finestra (ventana). Non voglio parlare con lui (No quiero hablar con él), no en este momento que me siento vulnerable estando tan cerca suyo. —Adelante—murmura suspirando—. Te avisaré quando siamo arrivati (cuando hayamos llegado). Cierro los ojos dándole la espalda, pero me quedo sveglio (despierta), molto sveglio (muy despierta) y sin hacer ruido. Media hora y cientos de pensamientos después, al fin siamo arrivati (llegamos a casa). Me bajo del coche sin esperar a que me abra la porta y me acerco hasta él para que me dé mis cosas. —Grazie mille por traerme, signore Fabio—digo tratando de no hacer mucho contacto visuale. —De nada—responde poniendo mi maleta en la entrada—. ¿Sabías que eres la donna (mujer) más hermosa que he visto? —No quiero sonar grosera, pero hace tre lunghi anni (tres largos años) que trabajo en la empresa Pirone y nunca se fijó en mí. Es más, credo (creo) que ni sabía bien mi nombre—expreso dejando que mi rabia (enojo) salga de una vez—. Ahora que he cambiado y me parezco a las bambole (muñecas) que frecuenta, ¿trata de seducirme con parole (palabras)? El me observa y muerde su labio tratando de tomarme por la cintura—Clara…Venga, ragazza, scusa… —Grazie mille por su amabilidad. Arrivederci, signore Girardi—digo recogiendo mis cosas y entrando al edificio. Cierro la puerta del ascensor y me doy colpi (golpes) en la frente con el frío espejo. ¿De verdad dije todo eso? Sono una tonta, el no tenía porqué saberlo. —Bien, ya sabe que no olvido y mucho menos me dejo manipolare (manipular). No más, nunca más. Suspiro y aprieto el botón del tercer piso.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR