A la mañana siguiente, en la tienda Apple, Izan cambia su número de móvil. -Ya está, señor -asegura profesional y amable la joven dependienta, Yolanda. -Gracias. -Gracias a usted -le recompensa con una sonrisa tímida- Qué pasen un buen día. -Igualmente. Salimos de la tienda y caminamos cogidos de la mano, en dirección a mi coche, entre los demás transeúntes que va de aquí para allá, a un ritmo increíble, estresante. A Izan le fastidia no poder conducir él. -¿Dónde quieres desayunar? No tengo idea. -Dónde tú me lleves -susurro en tono meloso. Sus labios se curvan encantados. -De acuerdo -acepta. Minutos más tarde... Izan me indica dónde aparcar cuando llegamos a su guiado destino para desayunar. Un local bajo un puente. Es fantástico. -¿Qué opinas del sitio? -me pregunta cuando

