Unos besos en la cien y en el pelo me despiertan lentamente, sonrío y abro los ojos, parpadeando por la luz natural de la mañana. Oh no, el hospital. -Buenos días -me susurra meloso al oído. -Buenos días. Creí que estábamos en mi casa -le digo. Suspira. -Ojala estuviéramos en tu casa -responde. Alzo la vista y lo miro. -Dentro de unas horas, no te preocupes. ¿Cómo estás? Frunce los labios. -Sinceramente, dolorido. Me duele todo. -Oh. Abro mucho los ojos. -¿Te hago daño? -pregunto preocupada. Estoy abrazada a él. -No, tú nunca me harías daño -contesta seguro de lo que dice. Su mirada me deja claro que lo dice con doble sentido. Sonrío complacida y le doy un beso en los labios. El cual él me devuelve. Me encanta que tenga esa confianza en mí. En eso se basa una relación, en

