El despertador suena en la mesita de noche, despertándome bruscamente. Oh, no todavía no. Me remuevo en la cama, y frunzo el ceño. Al abrir los ojos veo que Izan no está, me giro hacia el otro lado y tampoco está. Espero que no se haya marchado. Me incorporo y al hacerlo, Izan ,entra por la puerta de la habitación, tan guapísimo como siempre. Con traje de hombre de negocios y el pelo húmedo de haberse duchado. Portando en las manos una bandeja con el desayuno. Uau. Pestañeo perpleja. -Buenos días, cariño -murmura esbozando una gran sonrisa encantadora. -Buenos días -le sonrío radiante- ¿Y esto?- le pregunto alucinada. -Desayuno en la cama -me dice sentándose a mi lado y dejando la bandeja sobre mis piernas estiradas- Para una chica hermosa. Oh, me derrito y sonrío ampliamente. -¿Te

