Quizás las palabras de este hombre en su momento me hubieran afectado, pero lo cierto es que no me podía importar menos lo que dijera. —No te hagas la mustia conmigo porque eso no va. Pude escuchar tu conversación cursi con ese tipo y todas las porquerías que le decías. Te encuentras más manoseada que el teléfono público y no veo el motivo por el cuál vengas a hacerte la inocente conmigo o a negar tus caricias. —¿Acaso piensas que yo soy el arca de Noé? —¿Qué tonterías dices? No te estoy entendiendo. —O sea que le doy entrada a cualquier animalito perdido —dije con una seguridad que no tenía —. Obviamente no, me niego rotundamente a darte una sola caricia por el hecho de que tú eres muy poca cosa. Ni sé el motivo por el cuál te comprarás con tu primo; evidentemente, entre Gabriele y tú

