La discusión entre Mauricio y su madre se intensificó. Mauricio se sentía acorralado y frustrado por la insistencia de su madre en que se casara con Maribel.
—Mamá, no voy a hacer algo que no quiero hacer solo porque tú lo quieres —le dijo Mauricio con firmeza—. No voy a atar mi vida a alguien que no amo.
Su madre se puso de pie y se acercó a él, su rostro enrojecido de ira.
—Tú harás lo que es mejor para esta familia, Mauricio —le dijo con voz firme—. Y lo mejor es que te cases con Maribel. Es la hija de mi mejor amiga, y es lo menos que puedes hacer por ella.
Mauricio se sintió herido por las palabras de su madre. Sabía que ella siempre había sido manipuladora, pero esto era demasiado.
—No voy a hacerlo, mamá —le dijo con determinación—. No voy a casarme con alguien que no amo solo porque tú lo quieres.
Su madre se rió, una risa fría y calculadora.
—Tú no tienes elección, Mauricio —le dijo—. Tú harás lo que yo diga, o sufrirás las consecuencias.
Mauricio se sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sabía que su madre era capaz de hacerle daño si no hacía lo que ella quería.
—¿Qué vas a hacer, mamá? —le preguntó con cautela.
Su madre sonrió, una sonrisa maliciosa.
—Voy a asegurarme de que nadie se interponga en el camino de nuestra familia —le dijo—. Y si eso significa destruir la vida de esa mujer con la que estás, lo haré.
Mauricio se sintió un golpe en el estómago. Sabía que su madre era capaz de hacerle daño a Camila si no hacía lo que ella quería.
—Mamá, no te atreves —le dijo con voz temblorosa.
Su madre se rió de nuevo.
—Tú no sabes de lo que soy capaz, Mauricio —le dijo—. Pero pronto lo sabrás.
Mauricio se sintió derrotado. Sabía que su madre había ganado esta batalla, y que él tendría que hacer lo que ella quería. Pero no estaba dispuesto a rendirse sin luchar.
—Mamá, esto no ha terminado —le dijo con determinación—. Yo encontraré una manera de hacer lo que es mejor para mí, sin importar lo que tú digas.
Su madre se encogió de hombros.
—Veremos, Mauricio —le dijo—. Veremos.
Y con eso, la discusión terminó. Mauricio se fue de la casa de su madre, sintiendo que había perdido una batalla importante. Pero sabía que no podía rendirse. Tenía que encontrar una manera de hacer lo que era mejor para él, sin importar lo que su madre dijera.
Mientras caminaba hacia su auto, Mauricio se sintió un sentido de determinación. Sabía que tenía que proteger a Camila y hacer lo que era mejor para él. Pero también sabía que su madre era una fuerza poderosa, y que no sería fácil derrotarla.
Mauricio se subió a su auto y arrancó el motor. Mientras se alejaba de la casa de su madre, se sintió un sentido de incertidumbre. ¿Qué haría su madre a continuación? ¿Cómo podría proteger a Camila y hacer lo que era mejor para él? Mauricio no tenía las respuestas, pero sabía que tenía que encontrar una manera de salir adelante.
La noche se cernía sobre la ciudad, y Mauricio se sintió solo y vulnerable. Sabía que tenía que encontrar una manera de superar los obstáculos que se interponían en su camino, pero no sabía por dónde empezar. Lo único que sabía era que no podía rendirse. Tenía que luchar por lo que quería, sin importar lo que costara.
Mauricio condujo por la ciudad, intentando procesar lo que había sucedido con su madre. Sabía que ella no se daría por vencida fácilmente, y que tendría que encontrar una manera de proteger a Camila y hacer lo que era mejor para él.
Después de un rato, Mauricio llegó al apartamento de Camila y subió las escaleras, sintiendo un sentido de alivio al llegar al hogar de lo que ahora el llama su mujer. Abrió la puerta y entró, llamando a Camila.
—¿Camila? —llamó—. ¿Estás aquí?
Camila salió de la habitación, sonriendo.
—Sí, estoy aquí —le dijo—. ¿Qué pasó con tu madre?. - Me preocupe cuando ví tu mensaje diciendo que ibas a dónde tu madre.
Mauricio se sentó en el sofá, suspirando.
—Fue una discusión fuerte —le dijo—. Ella quiere que me case con Maribel, y yo no quiero. Yo solo quiero algo contigo en estos momentos, eres mi mujer Camila y no quiero soltar esto que tenemos por nada ni por nadie.
Camila se sentó a su lado, preocupada. Yo también quiero todo contigo, pero siento que se está saliendo de nuestras manos todo esto.
—¿Qué vas a hacer? —le preguntó.
Mauricio se encogió de hombros.
—No lo sé —le dijo—. Pero sé que tengo que protegerte a ti y hacer lo que es mejor para mí.
Camila lo abrazó.
—Estoy contigo —le dijo—. No importa lo que pase.
Mauricio sonrió, sintiendo un sentido de gratitud hacia Camila.
—Gracias —le dijo—. Significa mucho para mí.
Pero mientras estaban abrazados, Mauricio no podía sacudir la sensación de que su madre estaba vigilándolo, esperando su oportunidad para atacar. Sabía que tenía que encontrar una manera de proteger a Camila y hacer lo que era mejor para él, antes de que fuera demasiado tarde.
De repente, Mauricio escuchó un ruido en la puerta. Se levantó y fue a ver quién era.
Al abrir la puerta, se encontró con un hombre que no conocía.
—¿Sí? —le preguntó Mauricio.
El hombre sonrió, y Mauricio se sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Soy un amigo de tu madre , cuando saliste de su casa me pidió que averiguara con quién andas. no pensé que fuera tan estúpido para confirmarle a tu madre que si tienes a otra. Vaya sorpresa cuando le diga a tu madre quien es la mujer por la cual quieres dejar todo —le dijo el hombre—. Me ha enviado para asegurarme de que estás haciendo lo que debes.
Mauricio se sintió una sensación de alarma. Sabía que su madre era capaz de hacer cualquier cosa para conseguir lo que quería.
—¿Qué quieres? —le preguntó Mauricio, intentando mantener la calma.
El hombre se rió.
—Quiero asegurarme de que estás en el camino correcto —le dijo—. Y si no es así, tomaré medidas para corregirte.
Mauricio se sintió una sensación de miedo. Sabía que tenía que proteger a Camila y hacer lo que era mejor para él, antes de que fuera demasiado tarde.