CAPITULO 13

1162 Palabras
MAURICIO . . . La luz del día se filtraba a través de las cortinas, pero a pesar de su calidez, no podía disipar la sensación de opresión que me envolvía. Camila y yo habíamos pasado la noche abrazados, buscando consuelo en la cercanía del otro, pero el miedo seguía acechando en cada rincón de mi mente. La discusión con mi madre y la aparición del hombre en nuestra puerta eran recordatorios constantes de que nuestra relación estaba en peligro. Me levanté de la cama, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre mis hombros. Camila aún dormía, su rostro sereno contrastaba con la tormenta que rugía en mi interior. La idea de que mi madre pudiera hacerle daño a ella me llenaba de angustia. No podía permitir que eso sucediera. Tenía que encontrar una manera de protegerla, de protegernos a ambos. Mientras me preparaba para el día, recordé la conversación que tuvimos la noche anterior. Camila había sido fuerte, más de lo que yo podía ser en ese momento. Su determinación me había dado un poco de esperanza, pero la realidad seguía siendo abrumadora. ¿Qué podía hacer yo contra la influencia de mi madre? ¿Cómo podía enfrentar a alguien que había manipulado mi vida desde que tengo memoria? Decidí que necesitaba hablar con Javier. Era un amigo leal, alguien que había estado a mi lado en los momentos difíciles. Tal vez él pudiera ofrecerme una perspectiva diferente, una forma de enfrentar la situación sin poner a Camila en peligro. Después de todo, no podía seguir viviendo con miedo. Tenía que actuar. —Camila —la llamé suavemente, tratando de no despertarla de golpe—. Voy a salir un momento. Necesito hablar con Javier. Ella abrió los ojos lentamente, y vi la preocupación en su mirada. —¿Estás seguro? —preguntó, su voz aún somnolienta. —Sí, necesito hacerlo. No puedo quedarme aquí sin hacer nada —respondí, sintiendo que la determinación comenzaba a tomar forma en mi interior. —Está bien, pero ten cuidado —dijo, y su mano buscó la mía, dándome un pequeño apretón que me llenó de calidez. Salí de casa, sintiendo el aire fresco en mi rostro. La calle estaba tranquila, pero cada paso que daba parecía resonar en mi mente. La imagen del hombre que había estado en nuestra puerta me perseguía. ¿Quién era? ¿Qué quería realmente? La incertidumbre me llenaba de ansiedad, pero sabía que no podía dejar que eso me detuviera. Cuando llegué a la casa de Javier, lo encontré en el jardín, regando algunas plantas. Su rostro se iluminó al verme. —¡Mauricio! —exclamó, dejando caer la manguera—. ¿Qué pasa? Te veía preocupado. —Necesito hablar contigo —dije, sintiendo que la urgencia en mi voz era evidente. Nos sentamos en el porche, y le conté todo lo que había sucedido. Desde la discusión con mi madre hasta la aparición del hombre en nuestra puerta. Javier escuchó atentamente, su expresión se tornaba más seria a medida que avanzaba en la historia. —Eso es grave, amigo —dijo finalmente—. Tu madre no es alguien con quien se pueda jugar. Tiene recursos y conexiones. —Lo sé —respondí, sintiendo que la desesperación comenzaba a apoderarse de mí—. Pero no puedo dejar que me controle. No puedo dejar que controle a Camila. —¿Has pensado en hablar con ella? —sugirió Javier, y su tono era cauteloso. —¿Hablar con ella? —repetí, sintiendo que la idea era absurda, cuando a mí mamá se le metía algo en la cabeza era difícil de que cambiara. Mamá de Mauricio POV En ese momento, mi mente estaba lejos de las tareas cotidianas. La conversación que había tenido con el hombre que contraté resonaba en mi cabeza. La noticia de que mi hijo, Mauricio, estaba dejando de lado el compromiso que yo ya había arreglado con la familia de mi mejor amiga me llenaba de furia y determinación. —No puedo permitir que esto suceda —murmuré para mí misma, apretando los puños sobre la mesa. La idea de que una chica como Camila pudiera arruinar los planes que había trazado para mi hijo era inaceptable. Había trabajado demasiado para que todo se desmoronara por una simple relación romántica. El hombre que había contratado era un viejo conocido, alguien que sabía cómo moverse en las sombras. Su confirmación de que Camila estaba influyendo en la decisión de Mauricio me había encendido una chispa de rabia. No podía dejar que una chica sin antecedentes familiares sólidos interfiriera en el futuro de mi hijo. Tenía que actuar, y rápido. Me levanté de la silla y comencé a caminar de un lado a otro, organizando mis pensamientos. Necesitaba un plan infalible, algo que separara a Mauricio de Camila de una vez por todas. No podía dejar que su amor nublara su juicio y lo alejara de lo que realmente importaba: su futuro. Primero, tenía que debilitar la relación entre ellos. Sabía que Mauricio era un buen chico y que puede ser testarudo y difícil de manejar, pero también era susceptible a la presión. Si lograba hacer que se sintiera inseguro acerca de su relación con Camila, podría ser más fácil separarlos. —Voy a tener que usar la estrategia de la duda —pensé, recordando cómo había manipulado situaciones en el pasado para conseguir lo que quería. La clave sería sembrar la desconfianza en la mente de Mauricio. Decidí que lo mejor sería hablar con algunas personas de la empresa. Sabía que él tenía tener una buena relación con una persona que este cerca de Mauricio y que podría darme un aliado útil. Si lograba convencer a Fina de que Camila no era la chica adecuada para mi hijo, podría influir y ayudarme a separar a esos dos. Tomé mi teléfono y marqué el número de Fina, La llamada sonó un par de veces antes de que él contestara. —¿Hola? —dijo su voz, sonando un poco confundido. —Fina, soy yo, la madre de Mauricio —respondí, tratando de sonar amigable—. Necesito hablar contigo sobre algo importante. —Claro, ¿qué pasa? —preguntó, su tono cambiando a uno más serio. —Es sobre Mauricio y Camila. Creo que deberíamos tener una conversación sobre su relación —dije, sintiendo que la manipulación comenzaba a tomar forma. —¿Sobre su relación? ¿Por qué? —preguntó, claramente intrigado. —He notado que Mauricio ha estado un poco distante últimamente. Me preocupa que Camila lo esté influyendo de una manera negativa. Sabes que tengo grandes planes para él, y no quiero que nada se interponga en su futuro —le expliqué, tratando de sonar preocupada. —Entiendo, pero nunca he visto nada raro en ellos dos, pero si se que ella puede llegar a ser una mosquitamierta —respondió Fina, ándome la sensación de que ella busca mi aprobación .
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