Lo miré y no desaté brinquitos como niña pequeña porque simplemente estaba confundida con esa actitud. Me gustaba quedarme, sí, pero no me esperaba que fuese esto lo que venía detrás de correrse. — ¿Qué sucede Reese? No me confundas. ¿No me tocas sin el negocio o sí? —Que hice antes Kimberly —comenta y su voz no es neutra, es más fuerte. —Lo que debías hacer ¿no? Ayudando a una lamentable cría de diecinueve que no conoce nada sobre sexo. — ¿Qué cojones dices? —indaga y aunque intente no mostrarlo, está enfadado. —No lo sé, pero tampoco entiendo tu actitud. Me alejas, me acercas. Me dices que no me tocarás sin ese negocio que yo inventé; ahora no me dejas irme. —No quiero que te vayas, ya está —comenta mientras se sienta en el sofá que se ubica a centímetros de nosotros. — ¿Qué qui

