CAPITULO NUEVE

1670 Palabras
LANE La noche fué difícil. No voy a mentir diciendo que no me obligué a mantenerme despierta, por miedo a que alguien entrara mientras dormía. Estaba en el mísmo piso que los hermanos Knight, los dueños de Chicago y de todo el submundo oscuro e ilegal que manejaban. No me fiaba de las palabras de Kaiden, muchos menos teniendo a alguien como Kieran como su hermano. Varios pensamientos me entretuvieron mientras rodaba por la suave cama. Como el por qué Kieran aceptó tenerme a mí en lugar del dinero, cuando era más que obvio que mi presencia lo irritaba. O por qué Kaiden cambiaba de ánimo a cada rato, cuando durante un instante parecía querer tenerme ahí a toda costa y al otro actuaba como un adolescente arrogante y tenía esa sonrisa seductora en el rostro. Kieran era como un témpano de hielo: frío y duro, con una mirada cruel, seria y maduro. Kaiden, por otro lado, era como el fuego: intenso y masivo, parecía capaz de consumirte en un solo instante. Pero yo no estaba dispuesta a arder con ningúno de los dos. Aunque no podía negar, por más que así lo deseara, que Kaiden sí lograba tener un efecto en mí. Pero todo se desvanecía cuando se volvía... demasiado. Me quedé acostada hasta que el cielo aclareció y el sol brillante comenzó a salir, dando indicios de que ese día no sería como el de ayer, que era un nuevo comienzo. Ojalá hubiese sido real. Me levanté con pesadez después de un rato y fuí al baño, ni siquiera lavando mi rostro lograba verme mejor, asi que cepillé mis dientes observando mi rostro de zombie y salí de la habitación. Estando cerca de la cocina, percibí unas voces y mi corazón comenzó a latir con fuerza, al darme cuenta de que los hermanos estaban ahí. No me detuve, solo aferré mis manos sudorosas a los lados de mi short hasta llegar ahí. El primero en notar mi presencia fué Kieran, quien, obviamente, me miró con sus ojos carentes de sentimientos y emociones para después volver a su laptop sobre la barra de mármol. Ese día vestía una camisa igual a la del día anterior, pero blanca, arremangada hasta sus codos, dejando ver el final de un tatuaje que se escondía en su brazo. Una serpiente. Me detuve en seco cuando mis ojos cayeron sobre Kaiden, él... no llevaba camiseta. Su torso desnudo dejaba a la vista su impresionante y tonificado abdomen, su espalda estaba pegada a la silla asi que sus músculos se contraían de una forma hipnótica. Él tenía una especie de escritura sobre la piel de sus costillas y una mandala tribal en su pectoral izquierdo, que subía hasta su ancho hombro. Pasé ruidosamente la saliva que se había acumulado en mi boca. Cuando finalmente llegué a su rostro, una arrogante sonrísa que gritaba te atrapé me recibió. Aparté la mirada y caminé hasta la barra sintiendo mis mejillas calentandose. -Buenos días -saludé tímidamente, ocupando un lugar lejos de los dos. Kaiden se levantó de su asiento dejando su desayuno de lado, y abrió uno de los muebles negros. Alejé mi vista de su marcada espalda cuando Kieran cerró su computadora con algo de fuerza, cruzandose de brazos. -¿Quieres cereales? Miré algo confundida a Kaiden, quien movía una caja de cereales de colores frente a mí y asentí. ¿Cómo no se daba cuenta del humor de Kieran? O quizás lo ignoraba. Yo lo habría hecho si hubiese sido él. Por si les interesaba saber qué comen los criminales dueños de toda una ciudad, encabezando la lista, tenemos: cereales frutales. Quizás les gustaba comerlo luego de un pesado día amenazando a gente y manejando el bajo mundo. Kaiden dejó un tazón a punto de desbordar frente a mí y casi solté una risa, me tendió una cuchara de metal. -Come -. Hice caso omiso a su órden ya que iba a comerlo, lo dijera o no, pero no estaba de humor como para contradecirlo. Me sorprendió verlo acercando uno de los taburetes hacia mí, pero no dije nada. ¿Acaso no ve las indirectas? Mastiqué cereales lo más silenciosamente que pude, mientras Kaiden enrollaba un mechón de mi cabello entre sus dedos. Y su hermano fijaba su ceño fruncído en el borde de la barra. En un momento se volvió hacia mí tan inesperadamente que dejé de masticar. -¿Acaso vas a mirarme todo el maldito día? -me regañó con voz dura antes de levantarse con su computadora en la mano y alejarse, provocando una ráfaga de viento a mi lado-. Mocosa. ¿Qué carajos le molestaba tanto? Seguí su espalda hasta que desapareció. -Pedí que te trajeran un vestido para esta noche -dijo Kaiden, ajeno a la reacción de su hermano, concentrado en jugar con mi cabello. Lo miré, esperando más explicación-. Saldrás con nosotros esta noche. Genial. Estupendo. • • • Después del aviso de Kaiden, porque eso había sido, tampoco es como si pudiera negarme. Me dejó recorrer la casa mientras arreglaba algúnos asuntos importantes por llamada. No podía salir ni tocar nada, asi que me dí una ducha, me vestí con una de esas remeras grandes y salí a echar un vistazo mientras esperaba que se hiciera de noche. Le pregunté a Kaiden dónde me llevaría y solo obtuve un Sorpresa como respuesta, claro que sorpresa para ellos podía ser cualquier cosa. Lo que no indagué fué el por qué Kieran estaba tan de malas, aunque después supuse que fué porque Kaiden le dijo que me llevaría. Me sentí una intrusa. Aunque no era del todo culpa mía. Iba tonteando por el corredor mientras deslizaba mi dedo por la pared y el borde de los muebles que se atravesaban, cuando una tenue luz escapando por el borde de una puerta entreabierta, llamó mi atención. Dude en si avanzar o no pero, cuando quise darme cuenta, mis pies ya me había llevado hasta el borde de esta, atraídos por la curiosidad. La madera era naturalmente oscura y muy cuidada, cuando me incliné desde atrás de la pared, para no ser descubierta, un aroma a perfume varonil llegó a mis fosas nasales. No era el aroma de Kaiden. El leve sonído de agua cayendo se percibía desde algún lado de la habitación. Pasaron unos segundos donde nadie aparecía, segundos donde la voz en mi cabeza me dejaba en claro que, si alguien me llegaba a atrapar, cosas muy malas me pasarían. Pero ya estaba ahí, arriesgandome, y podría decirse que valió la pena... cuando lo ví. La impresionante e intimidante figura de Kieran apareció por la habitación enredandose una toalla sobre la cintura. Mis labios se entreabrieron y mi respiración se volvió repentinamente pesada. Secaba su cabello con una toalla pequeña mientras que gotas gruesas de agua descendían por su glorioso pecho hasta perderse en la marcada V que dejaba a la vista. Maldición, ese hombre podía ser la reencarnación del Diablo, pero era todo un jodido Paraíso. Aunque hubo algo más, algo que no llegué a detallar. Una cicatriz, a lo largo de su espalda. Una línea más clara sobre su piel clara y cremosa. O quizás solo la había imaginado. Me maravillé observandolo por unos minutos eternos, hasta me sentí Kaiden cuando posaba su mirada sobre mí y me recorría como si no quisiera perderse un solo milímetro de piel. Exacto como yo estaba haciendo con Kieran. Hasta que se detuvo en seco en la mitad de la habitación y, al notar sus intenciones de girarse hacia la puerta, me pegué con rapidez a la pared, ahogando mi respiración tapando mi boca con mi palma. Aprovechando el que estaba descalza, corrí en puntas de pie hasta asegurarme que estaba bien lejos de su habitación. Apoyé mi espalda en la pared y tomé una bocanada. A salvo. O no tanto. Al doblar la esquina, choqué contra el pecho de alguien. Kaiden me sostuvo por los antebrazos. —¿Qué estabas haciendo, amor? —preguntó ligeramente divertido. —Yo, eh.... —Ve a cambiarte, llegaremos tarde. • • • No hizo falta que Kaiden me lo pidiera dos veces cuando yo ya estaba caminando a paso apresurado hacia la que era mi habitación. Cerré la puerta y mi corazón se tomó su tiempo hasta latir a una velocidad normal, lejos de la taquicardia que me provocó la adrenalina de casi ser atrapada. Dí unos pasos dentro y me encontré con una caja sobre la cama, justo al lado de un vestido rojo. Me acerqué para tomarlo entre mis manos, era de una tela suave y brillante. El diseño era corto, de un solo brazo con el escote en diagonal y sumamente ajustado. Rodé mis ojos. Claro, Kaiden había aprovechado la oportunidad para dejar la mayor parte de mi piel descubierta. O al menos mis piernas, parecía tener una obsesión con ellas. Dudé que me entrara, pero cuando me desvestí y me lo cambié, se amoldó a mi silueta a la perfección. Núnca fuí insegura de mi cuerpo, quizás no era el más hermoso del mundo, pero era mío y me gustaba. Casi me olvidaba de la caja, cuando la abrí me encontré con un par de costosos zapatos blancos con tiras que subían por mis tobillos. Observandome entera en el espejo, no lograba reconocerme. No era la Lane de casa que vestía jeans oscuros y swaters de lana. No era la Lane del Dynasty que llevaba poca ropa la mayoría del tiempo. Era una nueva persona, no una real yo, una nueva Lane. La Lane de los hermanos Knight. Acomodé mi cabello liso y salí de la habitación, bajando hacia la sala. Cuando los hermanos me vieron aparecer, sorprendentemente, Kieran se tomó el tiempo de mirarme de arriba hacia abajo con sus profundos ojos azules, mientras que Kaiden se acercó con una sonrísa orgullosa, adueñandose de mi cintura. —¿Vamos? —asentí en respuesta, siguiendo a los hermanos hacia el ascensor, preparandome mentalmente para dónde fuese que me estuvieran llevando.
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