CAPITULO SIETE

1156 Palabras
LANE Odiaba a Ian. Sabía que odiar era una palabra fuerte pero, vamos, ¿que clase de padre se mete en líos y después espera que su hija lo salve?. Ningúno. O al menos no uno bueno. Quizás en ese momento él no lo era, pero antes de todo eso, Ian era el mejor padre del mundo. Cuando se quedaba hasta tarde ayudandome con la tarea, cuando le decía a mamá lo hermosa que era o cuando jugaba a las escondidas con Emily. Fué un padre en todos aquellos momentos en los que reíamos juntos. Quizás fué eso mísmo, el estar acostumbrada a una vida perfecta y llena de amor, hizo que la traición y el abandono de Ian fueran lo suficientemente crudos como para destruirme en pedacitos. Mi padre en realidad no me quería. Con tal de salvarse él, me condenó a una vida entre las garras de los Knight. Kaiden y Kieran eran hermanos, era físicamente obvio, pero eran tan diferentes. A uno claramente le disgustaba mi existencia, me escrutaba con sus ojos como si quisiera hacerme desaparecer, como si fuera una carga que no estaba dispuesto a soportar. Y el otro... bueno, Kaiden parecía querer una cosa y al rato era alguien completamente diferente. Pero, ¿diferente a quién? ¿a quien en realidad era? ¿a quien fingía ser? ¿o a quien era cuando estaba conmigo? No me había dado cuenta de lo genuina que era su sonrísa o lo suave que había sido su tacto conmigo, hasta que me escapé y me encontró. Estaba tan enfadado que me aterrorizó el simple hecho de saber que no conocía hasta donde podía llegar realmente. No sabía si Kaiden era peor que su hermano. Pero justo ahí, en medio de la pequeña cocina de mi casa, Kieran se encargó de demostrar que, quizás, no había nadie peor que él. Una macabra sonrísa de satisfacción se ensanchó en su rostro mientras dejaba en claro que era cierta una de las cosas que se decían sobre ellos en las calles: Si jodes a un Knight, ellos te joderán a tí. Los gritos de Ian fueron amortiguados por la mano de uno de los hombres que entró detrás de Kieran, mientras que los dos escoltas inmovilizaban sus brazos, este se encargó de enterrarle una varilla de un flameante tono rojo vivo en la palma. Mis labios se entreabieron y un escalofrío descendió por mi columna. No podía creer lo que veía. Tanta maldad. Tanta violencia. ¿Por qué una parte de mí difrutaba del castigo de Kieran hacia Ian?, una Lane envenenada por la ira que solo quería verlo sufrir, después de ver lo que ellos eran capaces de hacer. De hacerme. Ahora que era suya, de algún modo. Unos bracitos envolviendo mi pierna me sacaron de mi ensimismamiento, desvié la mirada hacia Emily, quien lloraba desconsoladamente. La tomé entre mis brazos con fuerza, mientras veía a mamá salir corriendo de la habitación donde ambas estaban protegidas. Acaricié el suave cabello dorado de Emily unos segundos, queriendo quedarme con ella para siempre, pero sabía que no se iba a poder. No iba ver a mi hermanita crecer. -Quiero a mi hermana -protestó cuando mamá la alejó de mí, y no me opuse. Pero cuando sus ojitos azules llenos de lágrimas me observaron con una súplica, sentí que moriría ahí mismo-. ¡Quiero a mi hermana! ¡Lane! Queria quedarme con ellas. Sintiendome la persona más impotente del mundo, la ví volver con Emi a una de las habitaciones, su llanto y sus gritos causando estragos en mi corazón. El impulso de ir con ella me abrumó pero Kaiden pareció notarlo, cuando dí el primer paso, él me tomó del antebrazo, sacandome de mi burbuja. -Ni lo pienses -advirtió y me volví hacia él para mirarlo con tanto odio e indiferencia como pude, pero ni siquiera le importó. Kieran dejó caer la varilla que no tenía ni idea de dónde había sacado, porque al entrar detrás de Kaiden, todo ya se había descontrolado. -Para que recuerdes lo que pasa, cuando metes la mano donde no debes -Kieran giró su inexpresivo rostro hacia mí. Ian, en cambio, estaba rojo de la furia. Y el odio en su mirada, una que algúna vez me había observado con cariño y admiración, acabó por hundirme por completo. Fué de esas cosas que te pasan y piensas: Joder, ya está. Después de esto, nada más va herirme. Noté todos los insultos y las palabras hirientes que iban a explotar de su boca, pero que contuvo frente a la presencia de los Knight. Mi padre ya no me queria. Y me dolió entenderlo. Me dolió como el jodido Infierno. Kaiden intentó tomar mi mano pero me safé, yendo por el mismo camino que Kieran segundos atrás. El frío de la noche me golpeó y un sollozo se escapó de mi boca, entré a la camioneta con un nudo doloroso en el estómago, intentando contener las ganas de llorar. Kaiden subió al menos dos minutos después e inmediatamente Jonah comenzó a conducir hacia, la que supuse, era la casa de los Knight. Escondí mi rostro, dirigiendo la vista hacia la ventana, pero mis ojos estaban tan cristalizados que ni siquiera noté lo que dejabamos atrás. Pero fué un momento, un efímero instante, donde mi mirada se encontró con la de Kieran en el espejo retrovisor. Sus iris azules no me miraron de la misma forma que en la mañana... ¿era tristeza? ¿era culpabilidad? ¿compasión?.... claro que no. Seguro sentía pena. ¿Quién no sentiría pena por una chica de dieciocho años a la que nadie quería, que vivía en la miseria, pasaba su tiempo llorando y a la que su padre había vendido a unos criminales como si no fuera nada importante? No valía nada pero, a la vez, era todo. Significaba mucho para las personas incorrectas. Al sentir algo rosando mi mano, noté los dedos de Kaiden acercandose como si quisiera tomar mi mano. Busqué en sus ojos algúna pista que me indicara qué sentía en aquél momento, y lo dejé hacerlo, lo dejé enlazar sus dedos con los míos. Él no me miró, pero estaba ahí y no podía ignorarlo. Él no me dejaba ignorarlo. Me olvidé de Kieran por ese momento y, cuando volví a mirarlo, él ya no lo hacía. Pero no pasé por alto cómo su ceño se había fruncido ligeramente, repentinamente molesto. Pero ni siquiera me importó. Ya no trataría de entender a los Knight. Ya no dejaría que me pusieran en un lugar inferior a ellos, que me dijeran cosas hirientes o me miraran con asco. La única cosa que me importaría, era ver que ellos cumplieran su parte del trato y cuidaran de mamá y Emily. Con cuidado, separé mi mano de la de Kaiden y ahí sí sentí el peso de su mirada sobre mí, pero ya no me volví hacia él.
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