Prólogo.
En el año 1872 una familia se mudó a Cumberland Inglaterra al encontrar una mina de oro en un pedazo de tierra no reclamada.
Estos individuos se hicieron asquerosamente ricos y muy famosos en toda la nación debido a ello, entraron en la alta sociedad casi inmediatamente después de que construyeran la mansión en la que vivían.
Una casona enorme, elegante y con los mejores muebles y decoraciones que se pudieran costear en la época. La llamaron “Palatium”, que en latín significa “Palacio”, pues eso es exactamente lo que aparenta por dentro y por fuera.
La familia estaba conformada por una pareja de padres, y dos niños gemelos. En la casa tenían muchos sirvientes, pero los dos que más resaltaban eran el señor y la señora McCrady, una pareja descendiente de escandinavos que entraron a trabajar en la mansión apenas fue construida.
Según ellos podían hacer magia a través de rituales antiguos y convocando a una de sus diosas de más alto rango: Freya, diosa de la magia. Los señores no le tomaron demasiada importancia a esto, pero los niños sí, incluso hasta llegar al grado de pedirles a ambos señores McCrady que les enseñaran a usar esa magia.
Pronto los niños descubrirían que aquella magia “imaginaría”, como le decían sus padres, era más real de lo que creyeron…
Pasó el tiempo y ambos niños crecieron hasta llegar a la adultez y a la edad casadera.
Por supuesto, al ser los herederos de una de las familias más importantes e influyentes de Cumberland, sus compromisos debían ser con personas con igual rango e importancia que ellos.
La joven mujer se casó con un terrateniente en Nordshire. En cuanto su padre recibió la carta de aquel DESCONOCIDO que quería desposar a su hija, todo lo que pensó era en el rango y el puesto de sociedad en el que ella quedaría si se convertía en su esposa. Vivirían en la gran mansión familiar “Alastair Hall”, sus carruajes serían incluso más finos de los que ellos tenían, y ella estaría invitada a los eventos de alcurnia más importantes, y por supuesto, ellos también estarían invitados al ser su familia.
Pensando en todo el beneficio que dicha unión conllevaría, no lo pensó demasiado y la comprometió con aquel señor que tan solo le llevaba 5 años de diferencia.
Luego del matrimonio de su hermana, la presión del padre calló sobre el primogénito varón para que éste se apresurara en escoger una esposa con la misma alcurnia que ellos poseían, por qué si el joven no lo hacía en menos de un año por sí mismo, entonces él le escogería una compañera adecuada entre las miles de cartas que le llegaban de aristócratas, caballeros e incluso nobles para que él desposara a una de sus hijas, hermanas o nietas.
Pero el joven no podía pensar en casarse cuando sabía que el matrimonio de su hermana la hacía infeliz y la lastimaba física y mentalmente.
El hombre con el que su hermana se vio obligada a casarse resultó ser un bruto que la golpeaba si no lo obedecía y hacía lo que él le pidiera.
Ella, con lágrimas en los ojos, le pidió ayuda a su hermano, ayuda para deshacer su matrimonio y así ser libre de aquel monstruo. Su hermano no dudó en ayudarla.
Juntos recrearon un ritual especial que los señores McCrady les habían enseñado años atrás. Dicho conjuro conllevaba un precio, pero la joven estaba dispuesta a pagar lo que fuera por su libertad.
Al terminar el conjuro, una figura se hizo presente en la habitación. La joven murmuró “Freya” y la figura se le acercó. Su hermano gemelo no pudo escuchar lo que le decía aquel ser, pero al terminar de susurrarle en el oído, su hermana lo miró y le sonrió de forma extraña, una manera muy distinta a la que él estaba acostumbrado a que su hermana lo mirara.
El ritual terminó y él le preguntó qué le había dicho aquella figura, a lo que ella respondió: el precio de la magia es un cuerpo humano hecho de la carne y la sangre de aquellos que la conjuraron.
Él joven no entendió y su hermana lo tradujo con palabras simples: juntos debían hacer un bebé y entregárselo a ella, para que ella lo poseyera, y a cambio les daría todo lo que ambos desearan.
El incesto sí que no estaba dentro de sus planes de vida, así que él le dijo que No a ella y se fue prometiéndole que encontrarían otra solución de deshacerse de su marido.
Esa noche, el joven viajó a la misma parte de Cumberland que había estado visitando desde que su desarrollo como un hombre joven había empezado, “el laberinto de seda” era como llamaban a dicha zona. En ella, todo el que quisiera “distracción” o a alguien a quien “amar” por unas horas o unos días podía encontrarlo allí, y contrario a lo que cualquiera pensaría, el joven gemelo no estaba allí buscando por la compañía femenina, sino por aquella de su mismo sexo.
Un joven apuesto como de su misma edad siempre lograba subirle el ánimo. Se quedaba con él unas horas gozando de todo lo que tuviera para ofrecerle y luego regresaba a su tortuosa y falsa vida, llena de máscaras, excesos e hipocresía.
En cuanto llegó esa noche al “laberinto de la seda”, no le fue difícil hallar a un joven adecuado, que satisficiera su vista con su porte y gracia. Por suerte para él aquel joven se interesó de vuelta, cosa que pasaba muy pocas veces, y juntos se dirigieron a un lugar más privado.
Pero tan lejos llegó el engaño, que fue al momento de la culminación que el hechizo se rompió y dejó ver detrás de la máscara a la verdadera persona con la que había compartido el lecho…
Haberle hecho el amor tan pasionalmente a su hermana era un pensamiento que lo mortificaba, por lo cual jamás volvió a dirigirle la mirada, pues estaba llena de vergüenza. Por supuesto, jamás habló de esto con ningún otro individuo, ni siquiera con los señores McCrady, quienes siempre insistían en saber qué conjuros harían y para qué los usarían, solo en caso de que algo saliera mal y necesitaran ayuda.
9 meses después de eso, su hermana dio a luz a una hija dentro de su matrimonio. Una niña rubia de ojos azules cristalinos iguales a los de él, de hecho, no podía evitar reparar en los muchos parecidos físicos que la pequeña bebé tenía con él.
Sabía que al no tener nada en común con el padre, este podría sospechar de la traición y llegar a herir a su hermana, así que insistió en quedarse esa noche en casa de ella.
Esa noche, cuando todas las velas en la casa fueron apagadas y ya todos los sirvientes yacían dormidos, la joven dama se dirigió al cuarto de su hija recién nacida y conjuró a la diosa una vez más…
Su joven hermano tuvo un mal presentimiento y corrió a la habitación de la niña para ver que todo estuviera bien. Al llegar allí vio a la bebé dormida en su cuna y creyó que todo había sido solo su imaginación, hasta que la puerta se cerró con fuerza detrás de él y al voltear vio a su hermana, o aquella que aparentaba serlo.
Le dijo: “esta noche cumpliré el deseo de mi sierva, todos aquellos que la lastimaron morirán, excepto tú. Ella aun siente cariño por ti, así que tú castigo será vivir sufriendo”.
Freya puso una maldición sobre el hermano de su sirvienta y dijo que algún día regresaría para llevarse a la hija de su esclava como suya.
En cuanto Freya hubo pronunciado su hechizo, todos en la casa se levantaron al unísono y comenzaron a lastimarse a sí mismos al grado de suicidarse. La madre de los gemelos saltó por la ventana, el padre se clavó cuchillos en los ojos, y el esposo de la joven golpeó su cráneo contra los pilares de piedra afuera de su casa hasta que su cabeza se abrió.
Cuando Freya se fue, solo quedaron los dos gemelos y el bebé. El hermano tomó responsabilidad de las acciones de su hermana e hizo algo drástico: echó a todos los sirvientes de la casa y les dijo que lo que había pasado en “Alastair Hall” fue obra de magia y hechicería y que ahora toda “Palatium” estaba maldita. Cualquiera que pisara sus terrenos durante más de un día estaría condenado a quedarse por la eternidad. La magia lo obligaría a quedarse y jamás irse.
Toda Cumberland se apartó de la zona y de aquella casa escuchando los rumores de los sirvientes de que estaba maldita, pero hubo otros a los que no les importó, ya que no creían en la magia. El alcalde fue uno de ellos, quién llegó a la casa seguido de sus hombres buscando impartir justicia por el “homicidio” múltiple en la mansión “Alastair Hall”.
Pasó un día en el que todos aquellos hombres recorrieron los pasillos buscando a los dueños de “Palatium”, los gemelos, conocidos ahora como “los hijos del diablo”. Pero al cumplirse el plazo de la palabra del gemelo, ninguno de aquellos hombres jamás salió de la mansión, solo un joven que había ido con ellos aseguró que podía escuchar sus gritos desde afuera de la casa pidiendo ayuda, pues se habían perdido dentro de sus muros.
En cuanto este rumor se esparció, los pobladores de Cumberland dejaron de llamar a aquella casa “Palatium”, para empezar a llamarla “Reserata Carserma”, que en español significa “La Prisión sin Candados”, ya que las personas quedan atrapadas dentro de ella sin ni siquiera saberlo.
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Muchos años pasaron luego del “mito” de la mansión “Palatium” y los gemelos que la habitaban, cuyos nombres hace ya mucho que fueron borrados de la historia de Cumberland, quedando solo aquel relato como una leyenda más de varias que posee Inglaterra y todo el Reino Unido.
Se dice, que la niña hija de la joven que conjuró a Freya terminó yéndose del país a Estados Unidos y allá contrajo matrimonio con un hombre de buena familia y reputación, y que los descendientes de ella fueron quienes compraron la mansión y todos sus alrededores en 1950, levantándola y “devolviéndola a la vida”, o eso es lo que se cree.
Solo se sabe que en el año 1951 una pareja de adinerados señores Estadounidenses compraron el terreno y se metieron a vivir allí. Casualmente, no mucho tiempo después de haber comprado la mansión, estos tuvieron dos hijos gemelos, los cuales crecieron, se casaron y tuvieron a sus propios hijos. La mujer tuvo dos hijos gemelos en 1983 y su hermano tuvo a una niña unos catorce años después.
Mientras el hermano solo se dedicaba a gastar la fortuna, su hermana gemela pasó su vida cuidando de sus hijos y levantando nuevos negocios que pudieran sustentarlos como hasta esos momentos.
Cuando la situación económica se vio tambaleante, inesperada pero convenientemente el hermano que despilfarraba la fortuna familiar murió en un trágico accidente, quedando su única hija ante el cuidado de su tía y de sus primos mayores.
Ahora, los hijos de la mujer: Jacob y Jane Edevane, están al cuidado de su pequeña prima, Sarah, y a cargo de la mansión señorial al ser acreditadores de la herencia que su madre les dejó, eso sí, deben estar dispuestos a sacrificar cualquier cosa con tal de levantar y sustentar el legado de su familia que se remonta a la época victoriana…
Además de guardar un oscuro y tétrico secreto que su familia a resguardado por generaciones.
Ahora Jake debe cuidar de su prima, mantener a flote a su familia y la casa, y además guardar un pequeño secreto que ha estado en su familia de generación en generación:
Los acontecimientos en “Alastair Hall” hace 300 años atrás, no fueron solo un mito o una leyenda. Todo es real. Lo que significa que En cuanto Jane, la hija menor de la mujer que levantó la mansión, sufrió un terrible accidente igual al de su tío, falleció en un hospital dos días después igual a como él lo hizo, quedando toda la herencia y el cargo de la casa en manos de su hermano gemelo Jacob, quién no desea compartir la herencia familiar con su prima, pues dicha “herencia” es algo que está más allá del dinero o los bienes materiales.
Es la promesa de que Freya regresará algún día para llevarse a los descendientes de su sierva…