Era una tarde tranquila en la villa. Tianyu dormía plácidamente en su cuna mientras An revisaba algunos documentos de su línea de cosméticos. Había logrado avances significativos desde que retomó su vida profesional, pero algo en su corazón seguía inquieto. No podía quitarse la sensación de que algo oscuro estaba por venir. El teléfono fijo sonó, interrumpiendo sus pensamientos. Era extraño, ya que casi nadie usaba esa línea. —¿Hola? —contestó con cautela. Del otro lado, una voz masculina, baja y calculadora, habló: —Señorita An, ¿recuerda a un viejo conocido? El corazón de An se detuvo. Reconoció la voz al instante: era el aliado de Mei, un hombre del que había oído hablar pero con quien nunca había tenido un contacto directo. —¿Qué quieres? —preguntó, tratando de mantener la calma

