La búsqueda de Zeyan había llegado a su fin, pero solo en parte. Finalmente, había encontrado a Tianyu, en un pequeño apartamento escondido en las afueras de la ciudad. El bebé estaba allí, con los ojos grandes, llenos de inocencia, ajeno a los oscuros juegos de los adultos. Zeyan no podía entender cómo Mei había podido hacerle esto a su propio hijo, cómo había permitido que él viviera separado de su madre, sin saber lo que realmente estaba sucediendo. —¿Dónde está An? —preguntó Zeyan, con la voz grave, mientras sostenía a Tianyu en sus brazos. El bebé miró a su padre, aparentemente tranquilo, como si no comprendiera la magnitud de lo que estaba pasando. Sin embargo, Zeyan sentía el peso del momento. Su hijo estaba aquí, pero su madre seguía siendo un misterio. El dolor que había acumula

