DE RODILLAS

1719 Palabras

La mañana era tranquila, aunque cargada de una tensión invisible. En la villa, An observaba a Tianyu desde la ventana, su mente dividida entre la paz que le traía su bebé y la tormenta que Zeyan había desatado en su vida. Sabía que él estaba haciendo un esfuerzo genuino, pero las heridas aún estaban frescas. Zeyan, desde el pasillo, la observaba. Vestía una camisa sencilla, algo inusual para él, y su expresión reflejaba una mezcla de determinación y vulnerabilidad. Había pasado noches sin dormir, pensando en cómo acercarse a An, en cómo recuperar lo que había perdido por su arrogancia y su orgullo. Decidió que ya no podía seguir esperando. Se acercó lentamente a la habitación donde estaba An, y al escuchar el suave murmullo de Tianyu, respiró hondo antes de tocar la puerta. — ¿Qué quier

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