La noche de bodas había dejado a Zeyan con una furia contenida que no lograba disipar. Las palabras de Mei resonaban en su mente: “Si no cumples conmigo, nunca sabrás dónde están An y tu hijo”. A pesar de su desprecio hacia ella, el miedo a perder a su hijo era un monstruo que lo consumía. Pero Zeyan no era un hombre fácil de manipular, y Mei pronto se daría cuenta de ello. Mientras tanto, lejos de la fastuosa mansión Qin y de los juegos de poder, An se encontraba en un pequeño pero acogedor pueblo costero. Había decidido reconstruir su vida desde cero, lejos del hombre que tanto la había herido y de los recuerdos que aún atormentaban su corazón. Con su embarazo avanzando, cada movimiento estaba cargado de emociones encontradas, pero una cosa era clara: esta vez, todo sería por su hijo.

