La noche que tanto había sido esperada por todos, la noche de bodas de Zeyan y Mei, estaba lejos de ser un momento de celebración. Aunque las cámaras y los medios de comunicación habían hecho su trabajo y se habían dispersado, quedaba una tensión palpable en el aire, la que ya nadie podía negar. Zeyan, en su traje de gala, se encontraba de pie frente a la enorme ventana de la suite nupcial, mirando las luces titilantes de la ciudad. El silencio de la habitación era ensordecedor, mientras que Mei, elegantemente vestida, esperaba detrás de él, observando cada uno de sus movimientos. Mei había estado anticipando este momento durante tanto tiempo, pero algo en Zeyan la inquietaba. La mirada que él le lanzó cuando se giró hacia ella estaba lejos de la expectación o la pasión que una mujer en

