El amanecer trajo consigo un leve rayo de sol que se coló por las cortinas de la habitación hospitalaria. El silencio dominaba el ambiente, roto únicamente por el suave pitido de las máquinas médicas. An parpadeó lentamente, sus ojos adaptándose a la luz. Su cuerpo se sentía pesado, cada músculo entumecido después de lo que parecían siglos en una oscuridad interminable. Su mente estaba nublada, pero poco a poco los recuerdos del accidente comenzaron a tomar forma. Zeyan. ¿Dónde estaba Zeyan? La última vez que lo había visto, él estaba junto a ella en el auto. Intentó mover sus labios para llamarlo, pero su voz salió como un susurro quebrado. El dolor en su pecho no solo era físico, sino emocional. Sabía que algo estaba mal. ¿Por qué estaba sola? Un leve ruido en la puerta llamó su atenc

