El avión despegó con un suave rugido, alejándose de la ciudad que había sido el hogar de An durante los últimos meses. Desde la ventana, An observaba cómo las luces de la ciudad se desvanecían, junto con cualquier esperanza de regresar. El contrato de divorcio estaba firmado, su anillo de bodas guardado en un pequeño sobre en su bolso, y su corazón hecho pedazos. Había intentado ser fuerte, pero cada vez que pensaba en Zeyan, el dolor se hacía insoportable. Recordaba sus palabras a través de Chen, el frío mensaje que indicaba que ya no la quería cerca, que su presencia no era necesaria en su vida. No había razones para quedarse; Zeyan lo había dejado claro, y Mei había terminado de destrozarla con sus crueles palabras. An cerró los ojos mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. La

