BARRERAS

956 Palabras

El comedor principal de la mansión Qin estaba iluminado con el suave resplandor del sol matutino, pero la atmósfera era sofocante. Los platos estaban dispuestos con precisión, la porcelana relucía impecable, y el aroma del té fresco llenaba el aire. Sin embargo, para An, cada detalle parecía diseñado para burlarse de ella. Se sentó al extremo opuesto de la mesa, con los ojos bajos mientras Mei se aseguraba de monopolizar la atención de Zeyan. Su risa resonaba en el espacio, un sonido afilado que parecía perforar los oídos de An. —Zeyan, ¿recuerdas aquella vez en París? —dijo Mei mientras colocaba una mano sobre la de él, acariciándola con descaro. An sintió que la sangre le hervía, pero se obligó a mantener la calma. No voy a reaccionar. No le daré el gusto, pensó mientras fingía concen

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