La casa estaba en silencio, solo interrumpido por el suave y calmado sonido de la respiración de Tianyu, quien dormía plácidamente en su cuna. Pero esa paz fue efímera, como un sueño que se disolvía en la realidad. Cuando el llanto comenzó, primero débil, luego más fuerte, una ola de ansiedad recorrió el cuerpo de An. Ella se levantó rápidamente de la cama, con el corazón latiendo fuerte en su pecho. Aún medio dormida, miró a Tianyu y vio cómo su pequeño cuerpo se agitaba con el llanto. El niño no estaba bien, su rostro estaba ruborizado, su pequeño cuerpo caliente al tacto. An se sintió aterrada. — Tianyu... —murmuró, tomando al bebé en sus brazos con rapidez. Zeyan despertó sobresaltado al escuchar el llanto. Vio a An con su hijo en brazos, su rostro pálido de preocupación. Sin pensar

