La semana en el campo había sido agotadora para Clara, si bien disfrutaba de compartir sus días con su padre, Sergio y Evangelina, las tareas interminables la llevaban a quedarse dormida incluso antes de cenar. Se sentía exhausta pero a la vez agradecida, ya que de no ser por su cansancio hubiese estado pensando en Enzo a cada hora. No sabía si debía escribirle, no habían quedado en nada específico. Aquel domingo se había quedado a dormir a su lado e incluso la había ayudado a cargar su auto para despedirse con un dulce beso en los labios. Ni bien llegó al campo quiso escribirle pero temía arruinarlo. Entonces había sido él quien, al cabo de dos horas del supuesto horario de su arribo, le había preguntado si se encontraba bien. Feliz por recibir aquel mensaje le respondió intentando co

