Ha pasado el tiempo y cada vez la armonía se fortalece en el rancho Buenavista y en sus alrededores. La brisa cálida del lugar llena la estancia con el fragante aroma de las plantas aromáticas que con tanto empeño Eleanor se ha dedicado a cuidar. Ella concentrada en su nuevo trabajo se embriaga con una sensación de paz que aumenta por el trinar de las avecillas que se encuentran en sus nidos que están en los árboles que rodean aquel lugar que fue destinado para el cultivo de plantas. Desde su embarazo, ella no ha vuelto al campo a sus jornadas, ni a los trabajos de veterinaria porque su posesivo y muy protector esposo no la ha dejado ni a sol ni a sombra con sus cuidados excesivos y con sus nuevas reglas que según él solo son para protegerla; y él solo la pasa mimando cada uno

