La charla después del almuerzo en el rancho Buenavista está muy amena y se siente mucho la alegría porque el tema de la boda ha puesto alegre los ánimos de todos los presentes. Anita desde la cocina escucha la algarabía y sus ojos tiernos se llenan de lágrimas de dolor y decepción que poco a poco se va convirtiendo en odio. —Niña, y a ti ¿Qué te pasa?— le repregunta la madre con el ceño fruncido al verla llorar. —No me pasa nada, mamá— respondió con cierto dolor en la voz— solo que me emociona que va haber boda otra vez. Ana María sonrió. —Sí, gracias a Dios— dijo con una sonrisa— esa niña me cae muy bien. Es lo más de sencilla y muy amable. ¿Cierto? La jovencita la miro con furia. —Esa mujer es una buscona. Que solo esta con Antonio es por su comodidad, a lo mejor escucho q

