Son más de las tres de la tarde y el rancho Buenavista esta hecho un caos, cuando momentos antes todo era alegría ahora solo se respira odio, resentimiento, vergüenza y desconcierto. Ahora, Imelda cubre su cara con su mano temblorosa cuando de la boca de Eliécer sale aquella acusación que en parte es mentira y en parte es verdad. Pero dicha de la forma que lo hizo hace que todo se vea de manera diferente. Imelda trata de acercarse a la joven esposa que tiene una palidez mortal y sus ojos están vidriosos. Los mira a los dos de manera acusatoria. Imada se detiene al ver como ella levanta las manos y le impide que se acerque. Antonio la toma del brazo y con fuerza la sujeta. —Ahora no— le dijo muy cerca— deja que ella procese lo que el estúpido ese dijo. Ya más calmados los ánimos ha

