Capítulo 33

2506 Palabras

La mañana para Imelda no había comenzado nada bien. Los vómitos matutinos la están llevando a pique. No eran  vómitos debido al embarazado  sino a  un  estado depresivo nervioso que volvió a ella la tarde que Eliécer destruyó  toda esperanza  de la joven. Esa tarde sus palabras no solo destruyeron una imagen que ella quería  mantener sino también la nueva y para ella muy significativa amistad. El rostro  pálido  y sudoroso es observado desde el quicio de la puerta, por un hombre  que está muy nervioso, al verla tan débil. —Debes tener fuerza— le dijo  Antonio preocupado por el estado emocional de la joven — recuerda que  llevas dentro de ti un bebé y que él  te necesita sana. Ella lo mira   con dolor. Él desde ese día ha  estado algo distante, lo  más seguro es que él también ha caído

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