Corrí bajo la lluvia hasta la puerta de mi consultorio, mi paragüas se había averiado y toqué el timbre desesperadamente para que me dejasen entrar, hasta que Martha me abre la puerta rápidamente. -Buenos días, hoy es un día bien lluvioso – digo al entrar. -Había venido hace media hora, pero después empezó a llover y me imagino que por eso había venido tarde – cierra la puerta detrás de ella. -Sí, estaba en el departamento de Joaquín y queda demasiado lejos – suspiro - por la distancia y el clima tuve que llegar tarde – hago una mueca. -Pueden pasar al consultorio, en un momento llegarán nuevos pacientes – se acerca a su escritorio – tengo anotado en una lista los nombres de quienes tiene que atender hoy – se sienta en su silla. Siempre me emociono al escuchar que vendrán nuevos paci

