Entraban cada vez más gente a la pastelería, por el servicio que se ofrecía en los mostradores y la animosa que se había vuelto la inauguración, ya que, se podía escuchar en el fondo un buen cantante de bolero, la melodía de su voz hechizo a la mayoría de los oyentes. De pronto, el sitio se había aglomerado y eso significaba que las ventas aumentaban, hasta podía percibir que la misma dueña del local mostraba una sonrisa de satisfacción. -Rubén necesito hablar contigo. -Sí, claro. -Tiene que ser a solas – me encojo de hombros. -¿De qué tienen que hablar? – nos pregunta Joaquín. -Es un asunto de mujeres – parpadeo varias veces. -Pero Rubén es hombre – señala con el pulgar. -Bueno, ya entiendes lo que quiero hacer – dejo mi copa sobre la charola de un mesero – ya vuelvo, será por unos

